domingo, 19 de febrero de 2017

Regreso a Android

En realidad, volví en noviembre del año pasado, cuando me compré un Vernee Apollo Lite, pero, poco me duró la suerte. Es difícil encontrar accesorios para una marca desconocida fuera de China, no digamos ya soporte técnico. Todos los móviles a los que les he puesto funda o bumper, nunca les ha pasado nada por haber sufrido una caída. Y mira que han sufrido muchas. Dos de ellos, se me fastidiaron por el puerto USB, uno por no sujetarlo correctamente mientras se cargaba, lo que hizo que cogiera holgura. Y el otro, por imprudencia mía, una caída mientras lo tenía cargando y usaba un manos libres con cable a la vez, hizo que, al darme la vuelta, le dí un tirón y cayó al suelo por el lado del cargador. Y a diferencia del anterior, el Nexus 4, éste no disponía de carga inalámbrica, así que lo que hacía era vencer esa holgura del cable sujetándolo en alto con algún objeto, hasta que un buen día murió y me compré el smartphone más barato que he tenido jamás y que aun sigo usando con una tarjeta de prepago para llamar al extranjero.
De ese smartphone también me cansé porque, a diferencia de Android, en Windows para móviles, para aplicaciones como el Whatsapp, cuando te quedas sin memoria, la única opción, es desinstalar la aplicación y volver a instalarla. Es incómoda, pero es una solución al fin y al cabo. Lo malo es cuando es la aplicación de correo la que llena la memoria, que no hay manera alguna de liberar espacio sin reiniciar el teléfono de fábrica. Otro "fallito" es que de vez en cuando no reconocía la tarjeta de memoria, por más que lo reiniciases. Sí, es una enorme ventaja que en un teléfono con poca memoria interna te permita usar la tarjeta de memoria para instalar aplicaciones, y un gran inconveniente si de vez en cuando le da por no reconocerlo. Problema que también se solucionaba reiniciando el teléfono de fábrica. Cuando ya has reiniciado el teléfono dos veces, uno se empieza a cansar. Si, para colmo, un buen día, tras actualizar Whatsapp, dicha aplicación empieza a ir insultantemente lenta, y no puedes instalarle mucho más para prevenir futuros reseteos de fábrica, bien sea por falta de memoria, bien por errores al reconocer la tarjeta, pues, para alguien que apenas le saca partido a un smartphone está genial. Para el resto, no.
Volví a Android, volví a tener notificaciones como Dios manda, volví a poder usar el Chromecast, tras haber muerto las dos tabletas que tenía. volví a tener una cámara con flash y foco ajustable. Volví, como no podía ser de otro modo, a Android stock y a un fabricante chino que encima da soporte de actualizaciones. Volví a poder instalar todas aquellas apps, que no son pocas, que no están en la Windows Store.
Asumí las carencias que puede tener un móvil chino: que el lector de huellas lo tenga casi de adorno, que no disponga de NFC (es algo en lo que muchos fabricantes chinos se suelen poner de acuerdo), porque, por lo demás, era redondo. y estaba muy contento. Pantalla full hd de 5,5 pulgadas. En los análisis se quejaban del brillo máximo en días soleados. Es cierto que hay pantallas mejores, pero doy fe de que no hay pantalla más insufrible en exteriores que la del Lumia 435 Dual Sim. Ni haciendo sombra con la mano se veía bien la pantalla en un día soleado.
Un buen día, se me ocurrió, trasteando en las opciones, activar el reconocimiento de voz con la pantalla bloqueada, pues se supone que sólo se activa cuando dices "OK Google", la cosa empieza a irritar cuando no puedes tener una conversación o ver un programa de televisión en el que haya gente hablando, cuando tengas el móvil cerca, porque no para de desbloquearse y decir "si has dicho algo, no lo he entendido". No sé si desde el principio o no, pero, un buen día, de repente, al hacer fotos con la cámara trasera en apaisado, se ven dos rayas con el color negativizado que afean bastante las fotos. Curiosamente sólo pasa con la app nativa de cámara, y sólo en las circunstancias antes descritas. En vertical o con la cámara frontal ni rastro de ese bug.
Como comentaba antes, al ser una marca casi desconocida, pues, tienes el problema de que es casi imposible encontrar accesorios, y, en caso de percance, casi imposible encontrar dónde arreglarlo. Tras la primera caída, a las dos semanas de estrenarlo, ya se resquebrajó el cristal pero, por suerte, el estropicio, estaba casi todo fuera de la pantalla. Dentro tenía una raja, pero no se notaba al tacto, y podía usar el móvil normalmente. Una segunda caída un mes y pico después, le hace un desperfecto aun mayor y que sí se nota al tacto, y eso que ya tenía funda por aquel entonces. Lo último fue que se me cayó el móvil a un plato de atún con tomate y se fastidió el altavoz, que se encuentra en el canto inferior, al igual que el puerto USB, que pude salvar. El micrófono no sé en qué estado se encuentra.
Cogí el móvil viejo de mi madre, que hacía poco que se había cambiado también de teléfono. El BQ Aquaris X5 plus, recomendado por mí, al igual que el anterior, Moto G 4G (el del 2013). Pero ese, nada más actualizar las apps que vienen con el mismo e instalar el WhatsApp, ya se había quedado sin memoria interna. Y de nada vale meterle una tarjeta de 64 gb, eso no vale para las aplicaciones en un teléfono que, bastante tiene con que lo han actualizado a Android Lollipop 5.1.
Estaba firmemente decidido a comprarme un móvil a plazos, más que nada para no hacer un desembolso muy grande de golpe y barajaba sólo dos opciones: el BQ Aquarix X5 Plus o el Lenovo Moto Z. El BQ estaba agotado en toda España, a no ser que lo comprase pagando de golpe en alguna web, opción que no barajaba.
Ah, se me olvidaba. El Vernee, por alguna razón que desconozco, capaba la función Google Now a un toque, opción de la que sí dispone el BQ de mi madre, además de soportar la API 2 de cámara, lo que permite a apps de terceros ajustar manualmente todos los parámetros de la foto, cosa de la que también carecía el Vernee.
Pues, dado que en el Media Markt, no me ponían pegas para financiarlo, eso fue lo que hice. Y por fin tengo un Android con todo lo que puedo desear de un smartphone. Hasta flash en la cámara frontal.
Un GPS que no me dice que estoy en la calle de al lado, o que no pierde la conexión constantemente en plena M50, en mitad de una llanura gigante. Un lector de huellas que funciona. Un NFC incorporado. Una cámara que, no solo no tiene bugs, sino que también tiene estabilizador óptico, enfoque láser y controles manuales y flash en la cámara frontal, como ya he dicho. Un teléfono que funciona como tiene que funcionar y que no se activa el reconocimiento de voz cada vez que oye gente hablando.
Ahora bien, dije que odio las capas de personalización y es una incongruencia porque mi móvil no está exento de ellas. Pero una cosa son las capas de LG, Sony o Samsung, y eso que he nombrado las marcas menos agresivas en ese sentido, y otra cosa es una capa que sólo añade funciones. Este trasto tiene una especie de pantalla de bloqueo que se activa con pasar la mano por encima, gestos tales como activar la linterna al agitar el teléfono dos veces, o cámara que se activa al girar el teléfono dos veces sobre sí mismo. Y tiene todo eso respetando el diseño y las opciones del menú de Android Stock, siempre con algún añadido, claro.
Fabricantes de Android del mundo, así se hacen las capas. Añade todas las funciones extra que se te ocurran, pero no cambies el diseño de Android. No sé qué sentido tiene lastrar el rendimiento de un teléfono cambiando cosas de un sistema operativo que, para colmo, cuando Google lanza una actualización, a un gama alta de LG, Sony o Samsung, tarda más meses en llegar porque los fabricantes tienen que hacerle las modificaciones oportunas.
Pánico me dio cuando pregunté en cinco tiendas distintas si tenían fundas para mi móvil y no hubo suerte en ninguna. Más luego el teléfono viene con un bumper y una Style Shell, que así es como se llama a las cubiertas traseras imantadas compatibles con mi teléfono y con el Z Style. Mi teléfono ya es bonito de por sí, blanco y dorado en detalles como los marcos del sensor de huellas o del altavoz, el marco lateral y la parte trasera.
Esta vez, no correré el mismo riesgo, el teléfono tiene el seguro más caro que le podía hacer en la tienda. Eso sumado a que, obviamente, lleva puesto el bumper que venía incluído. La parte trasera es metálica y el búmper sobresale en grosor por encima de la pantalla, así que, en caso de caída, digo yo que absorbería el golpe.
Me he llevado un chasco, aunque irrelevante. En las características, dice que el móvil integra Radio FM cuando no es así. Suerte que, en su momento, yo ya me compré una radio digital terrestre de bolsillo, la cual incluye FM con RDS. Me la compré cuando tenía el Nexus 4, ya que mi plan por aquel entonces, consistía en que todos mis móviles después de ese, fueran Nexus, y como ya no iban a incorporar más la radio, pues... Después tuve el Huawei Ascend P7, el Lumia 435 Dual Sim y el Vernee Apollo Lite, los tres con radio FM, así que ahora desempolvaré la radio que tenía guardada en el cajón.
Para resumir, ojalá todos los fabricantes personalizaran los teléfonos como lo hacen BQ o Motorola, sin cambiar el aspecto o las funcionalidades de Android. Añadir sí, cambiar no. 

sábado, 19 de marzo de 2016

Windows 10 en mi teléfono

Ya vine aquí a hablar de mi teléfono, pero es que ahora que se ha actualizado a Windows 10 estoy más contento si cabe. Ya sabemos que la cuota total de usuarios de ese sistema operativo deja un poco que desear porque hay pocas aplicaciones. ¿O era al revés? Viniera antes el huevo o la gallina, yo lo veo a la misma altura que iOS (Android siempre me gustará más, lo siento) pero con la ventaja competitiva de que Apple sólo compite en la gama alta.
Normalmente si te vas a móviles baratos, o te vas a un feature phone o el precio a pagar por pagar poco por un Smartphone no va a merecer la pena, ya que su uso va a ser insufrible. Ya sabemos que la otra excepción son los móviles de marcas chinas. Y cuando digo marcas chinas, lo digo con la connotación que le damos en España, es decir, que, además de chinas, las conocemos los geeks que nos metemos en blogs y foros y poco más. Pero la ventaja competitiva de los móviles chinos se acaba en que son baratos, ya está, no hay nada más. Raro es el que se actualiza, si se te rompe el cristal, llora, porque no vas a encontrar repuestos ni en esas tiendas de reparación de móviles regentadas por chinos.
Y la otra opción de tener un Smartphone barato, es tener un Lumia. No hay otra, o al menos yo no conozco ninguna otra alternativa. Y es que hace un par de días, se me ha actualizado a Windows 10 y ahora estoy más contento si cabe con él. Os recuerdo que me lo compré porque el que tenía antes, de gama superior a este, falleció. Y nunca me alegraré más de que eso pasara, ya que pasé de un gama media con una cámara muy buena y una excelente pantalla full hd de 5 pulgadas con un rendimiento que desde el primer día que lo encendí ya iba a tirones, a otro Smartphone que tiene cámaras delantera y trasera, sin más, que la calidad de la pantalla es más que aceptable, pero cuyo rendimiento, con un procesador con la mitad de núcleos, con una velocidad de reloj inferior, y con la mitad de memoria RAM hace sonrojar a móviles más caros, como el que tenía antes.
Windows para móviles no solo usa las tarjetas de memoria SD para fotos y música, también permite instalar en ella las aplicaciones. Rara es la excepción que no lo permite, así que, si tu móvil viene con 8 gb de memoria interna de los cuales, 4 los ocupa el sistema, como suele ser lo normal, eso no es inconveniente, y este teléfono las soporta de hasta 128 gb, así que en ese sentido, se mea en la boca del Galaxy S7 y del Nexus 6P.
¿Se le puede pedir algo más a un Smartphone de 50 €? A este sí, que su sistema operativo sea stock, es decir, sin añadidos o modificaciones de ningún fabricante y que dicho sistema operativo tenga actualizaciones garantizadas. ¿Cuánto vale un móvil del programa Android One? ¿Y un Nexus? ¿Y un iPhone? Si quieres irte a un teléfono de la competencia que tenga sistema operativo stock y actualizaciones te vas a más de 100 € necesariamente. Además, lo triste es que pocas marcas garantizan actualizaciones a su gama baja, lo que hace que poca gente sepa lo que es eso y vivan felices en la ignorancia de no saber que la naturaleza de un Smartphone es que cada cierto tiempo se actualice para cambiar su interfaz o para añadirle funciones nuevas.
Aunque vengo aquí a abordarlo desde un punto de vista meramente emocional, no puedo obviar, al menos, los detalles que más me han gustado. Podría hablar del cambio de la interfaz, o de que han jubilado Internet Explorer en pro de Microsoft Edge, pero algo que me ha gustado más que eso, si cabe, es que las aplicaciones sean universales. Es decir, que las aplicaciones que salen en la tienda de Microsoft, pueden ser compatibles tanto con móviles como con ordenadores. De esta manera, aunque sé que esto os puede sonar a perogrullada ya que Android ya tenía esto desde cuando Franco era cabo, en Windows Phone se echaba de menos, ya hay aplicación nativa de reloj con zonas horarias, cronómetro, cuenta atrás y alarmas; y de grabadora de sonidos. Y la calculadora, siendo la misma que la aplicación de escritorio, ahora es una versión dopadísima, con conversor de unidades entre otras muchas novedades. La otra gran perogrullada que hace que por fin Windows 10 esté a la altura de la competencia, es el teclado. Ahora por fin añade reconocimiento de voz, cosa que antes sólo lo tenía para los SMS.
En Windows no se puede instalar un teclado distinto al que viene por defecto, pero eso no es un inconveniente, cuando el teclado por defecto está a la altura. Dicho teclado ya soportaba escritura deslizante, es decir, deslizando el dedo de tecla a tecla. Ideal para escribir con una sola mano, pero es que ahora añade algo que no se lo he visto a ningún otro teclado hasta ahora y es un cursor integrado que te permite moverte con precisión entre caracteres para hacer correcciones. En los terminales con pantalla más grande, además, te permite disminuir su tamaño para situarlo cerca del pulgar derecho o el izquierdo, a elección del usuario, incluso desplazar su posición por toda la pantalla a voluntad.
Aunque mi móvil no es compatible con USB OTG (que le puedes enchufar de todo por el puerto USB, incluidos unidades de almacenamiento, teclados, ratones, etc) o con una cosa llamada Continuum, que consiste en que, con un periférico adecuado, enchufas el móvil a una pantalla con puerto VGA o HDMI, le añades un teclado y un ratón, y puedes usar el teléfono como si de un ordenador se tratase, estoy contentísimo con él.
Me remito a lo que dije de Windows para Smartphone. Es un sistema operativo excelente y muy sencillo de usar. En la gama alta, los Lumia tienen una cámara que se caga la perra, con controles manuales que permiten sacarle bastante partido, aunque la competencia se ha puesto las pilas al respecto. En la gama baja, son móviles mucho más que solventes. Por lo que cuesta, uno se puede permitir el lujo de tener un Smartphone de gama alta y dejar ese de reserva en caso de rotura o avería, pero, pese a su gama, es tan solvente que da pena no usarlo. Pero, sibaritismos aparte, por su rendimiento y por su sencillez de uso, recomiendo Lumia a quien lo vaya a usar para lo que lo usa el 90% de la gente que es hacer fotos, escuchar música y contestar el WhatsApp, que para eso, descuida que no te va a dejar tirado

sábado, 13 de febrero de 2016

La danza de la lluvia

Esta tarde organizaban en la Casa de las Asociaciones de Rivas Vaciamadrid un pase de una película, la cual queda tiempo para que se estrene, y de la que ni siquiera he visto rastro alguno de material promocional en internet llamada "La danza de la lluvia". He querido ir primero, porque era gratis, y segundo porque esperaba poder participar en el hipotético coloquio que se iba a hacer después de la proyección.
Entiendo que cuando eres un artista, de la índole que sea, estás deseando terminar de parir tu obra para ver cómo la acogerá el público. Es normal que tengas ganas de ver plasmado el resultado de tu trabajo, el cual lleva meses. Lo primero que me ha llamado la atención y que ha hecho la película pelín soporífera, es el ritmo. Normalmente en cine, cuando aguantas planos fijos es para aburrir a drede. Pues de dos horas y media que dura la película, tres cuartos de hora largos, o esa impresión me ha dado, eran conversaciones en plano general sin cambiar entre plano y contraplano, eso sin contar que no había planos en movimiento más allá de los imprescindibles para no perder de vista a los personajes. Pero es que esos planos generales fijos podían durar uno o dos minutos, así, sin anestesia. Durante la primera hora de película me tentó sobremanera abandonar la sala, pues hubiera sido lo sensato para no seguir aburriéndome, pero consideraba que, ya que la proyección iba a acabar tarde y la gente iba a tener ganas de irse a cenar, no me quería ir de allí sin darle al director mi opinión sobre la obra, así que aguanté como un campeón.
La película es una comedia romántica que trata de un hombre normal que trabaja en una gasolinera que se intenta camelar a una MQMF que justo pasaba por allí para rellenar un bote con gasolina ya que el coche se le había quedado tirado, paralelamente, hay historias de amor que implican a los personajes secundarios, no muy difíciles de entender. No es culpa de los actores, y el director era el protagonista, que el guión no diese más de sí para sacarle jugo a sus personajes. En mi opinión, los que mejor han estado son el compañero del protagonista que también trabaja en la gasolinera, y uno que hace de actor en horas bajas, que es amigo del prota.
En la película se insiste mucho en mencionar las localizaciones en las que transcurre la historia. Por supuesto Rivas Vaciamadrid y Arganda del Rey son pueblos de sobra conocidos y que a cualquier murciano que le preguntes te dirá que la cerámica de Rivas y las navajas de Arganda son las mejores...
Entiendo que la falta de presupuesto limita las posibilidades, pero como han hecho Alejandro Amenábar, Hitchcock, Sam Raimi, o Peter Jackson, por poner ejemplos, trata de sacar partido de esas limitaciones. Si no puedes rodar un coche en movimiento, al menos, saca paneos o travellings para que el espectador sepa hacia dónde viajan los personajes, o si me apuras, haz que los personajes indiquen verbalmente qué van a hacer para que sea todo menos confuso, pero el caso es que ni una cosa ni la otra.
No todo van a ser defectos, la verdad que las historias paralelas del argentino y la mexicana o del alumno enamorado de su profesora de matemáticas le aportan algo de frescura a la trama. Ya cuando la película llevaba una hora y tres cuartos, se sacan de la manga un ex que casualmente paseaba solo por un lugar romántico en el que los protagonistas trataban de pasar un día feliz y alegando la más peregrina de las excusas, el prota decide que ya no se siente a gusto con eso. Cabe decir que los cambios de humor de la MQMF son igual de caprichosos que el guión y su actuación natural que flipas...
Pues cuando por fin, después de perder dos horas y media de mi vida, casi tuve mi recompensa, casi me entiende el director cuando le comento lo de los planos fijos de minuto y medio. ¿Cual es su excusa? La falta de presupuesto. Coño, pues acorta los diálogos, hazlos más rápidos, corta escenas. Es cierto que la peli se rodó en 20 días, pero no me creo que no pudieran grabar las conversaciones con dos cámaras para hacer los planos y contraplanos, porque las hay que sí se han, por lo menos, montado así.
En fin, yo por arte entiendo expresión de emociones mediante métodos mecánicos, electrónicos o manuales con la intención de ser exhibido a un espectador o conjunto de ellos, y está claro que el artista sabe qué emoción quiere expresar, pero sea la que sea, a mi no me ha llegado. Lo que sí me ha llegado es que, salvo honrosas excepciones de algunos actores secundarios, parece que todo se haya hecho sin ganas. Que la Potra os acompañe. Ciao

domingo, 17 de enero de 2016

Mi experiencia con Windows Phone

Ya que he preferido dejar el otro blog como para los temas más personales y emotivos, y tengo este infrautilizado, prefiero dejarlo para temas que no pegan con la temática del otro, pero que igualmente quiero contar.
Hace pocos días murió mi último teléfono Android (bueno, lo de Android le viene grande, por desgracia). Un Huawei Ascend P7. Antes de ese tuve un Nexus 4 y después de probar cómo era la experiencia con Android Stock me prometí a mi mismo no volver a usar un Android con capas, pero no lo pude prometer, porque el Nexus funcionaba tan mal que necesitaba otro. Estuve entre el P7 y el Moto G y maldita la hora en que no me decanté por el Moto G ya que sobre el papel, el P7 se lo fundía en prestaciones. Falté además a otra promesa que me hice de no volver a comprar un móvil a plazos, y decisión de la que todavía me arrepiento pues estoy pagando un teléfono deshauciado, pero bueno. Miré los mejores móviles que se podían comprar a plazos por aquel entonces en la tienda de Amena sin pagar entrada y me decanté por ese, como ya he dicho. Nada más encender el teléfono y, sin instalarle nada, ya daba tirones y lag. Yo ya conocía la capa Emotion UI gracias al infame Orange Daytona (no me acuerdo de la nomenclatura de Huawei) que pude probar y en la gama baja, he de decir que su experiencia es equiparable a la de escuchar la canción de la fruta todos los miércoles en la megafonía del colegio de al lado de mi casa, que si se la pones en bucle al enemigo 10 horas seguidas te acaba cantando la ubicación de su cuartel y los nombres de sus mandos. Pues usar esa capa de personalización es odioso, y más en un terminal de gama baja como era ese. Antes tuve un Galaxy S con su correspondiente capa Touchwiz y no es que estuviese mal el rendimiento del móvil, pero el iPhone 4, a igualdad de prestaciones le pegaba un repaso, ya que, la capa de Touchwiz mermaba mucho la capacidad de la RAM provocando frecuentes cierres forzados. Antes tuve un Motorola Milestone (mi primer Android), cuya única queja era la escasa memoria interna, pero su rendimiento era genial. Hoy estaría obsoleto, pero por entonces era genial. A lo que iba, conocía esa capa y, en un móvil con 512 MB de Ram es algo que no le recomiendo ni a mi peor enemigo. Pues en un móvil con el cuádruple de RAM no funciona tan mal, pero se le aproxima. Eso sí, agradecí que tuviera ranura para micro SD y radio integrada, cosas de las que el Nexus 4 adolecía. Eso sí, sigo sin entender por qué las radios integradas de los móviles de Huawei no incorporan tecnología RDS a sus radios, cosa que sí hacen la totalidad del resto de marcas que integran radio a sus equipos. La tecnología RDS, aunque poca gente sepa como se llama, es esa que hace que en la radio de tu coche (que suele ser lo más común) aparezca el nombre de la emisora en la pantalla, o que en un viaje largo, la emisora cambie sola de frecuencia, pudiendo disfrutar de la misma emisora todo el camino sin saberte los diales, siempre y cuando, claro, que la emisora tenga cobertura en todo el trayecto, que no suele ser lo común, por desgracia. También agradecí, aunque la pantalla del Nexus no era, ni mucho menos, mala, que la del P7 fuese de 5 pulgadas, y encima Full HD. Dicen que más de x puntos por pulgada el ojo humano no los distingue, y puede ser verdad, pero el extra de nitidez sí que se nota y mucho. Eso y las cámaras de 13 y 8 mpx trasera y frontal respectivamente de una calidad buenísima, y encima con grabación en estéreo para los vídeos, que me encanta.
Ahí se acaban las ventajas. Venir de un Nexus 4 con Android 5.0 Lollipop en su versión stock a uno, no sólo con 4.4 (Kit Kat) sino con la horrenda e insoportable capa EMUI (para abreviar) que encima lastra el rendimiento del teléfono, pues la verdad, desanimaba un poco. Pero bueno, lo asumía, lo que no podía asumir, ni queriendo, es que a alguna cabeza pensante se le ocurrió que tras colgar una llamada con el manos libres, se desbloquee la pantalla del teléfono. Ideal para cuando lo llevas en el bolsillo y llevas las manos ocupadas. Otra cosa es que se llevaba mal con los manos libres bluetooth. Seguro que por algún bug, me juego el cuello y no lo pierdo. ¿Qué le pasaba? Que a veces, tú conectabas el manos libres correctamente, te disponías a hacer una llamada, y, cuando te querías dar cuenta, ya empezaba a correr el contador, y lo que tenías que hacer era conmutar entre el manos libres y otra opción como por ejemplo el auricular interno, y volver a conmutar al manos libres para que se oyese. Pues cuando lo quise actualizar a la ROM que Huawei liberó para mi teléfono con la versión 5.1 de Android con su EMUI 3.1 (una actualización, además, de su capa de personalización), pues quise, por lo menos, cambiarme a una experiencia de usuario no tan horrenda. Si bien esa actualización hacía EMUI muchísimo más vistosa, sólo tenía de Android 5.1 el número de versión visible en los ajustes del teléfono ya que por lo demás, no se parecía en nada. Ni rastro de Material Design, el cambio de interfaz más drástico en años que Google se curró para su sistema operativo que incluía animaciones para casi todo lo que hicieras con el teléfono, una multitarea mucho mejor, un dialer que convierte el idem en unas páginas amarillas express pudiendo llamar un negocio que se incluyese en Google con sólo buscar su nombre en dicho dialer, eso y un cambio de máquina virtual que emula Linux (el sistema bajo el que funciona Android) que reducía el consumo de recursos de los aparatos y que hacía dicho sistema operativo accesible a móviles con sólo 512 MB de RAM, según decían ellos. entre otras muchísimas novedades. El P7 sí incluía novedades, pero todas bajo el filtro, el yugo, la voluntad férrea de Huawei. Lo tuve al principio con el Google Now Launcher para hacer ese móvil la experiencia lo más parecida posible a Android Stock y eso lastraba el rendimiento del teléfono a límites intolerables para un móvil de gama media.
Cuando lo actualicé a esa versión de Android, eso de que se llevaba mal con los manos libres bluetooth se acentuó aún más si cabe, hasta el punto de que ya no se escuchaba, por más que lo intentara. Un día, ayudando a una conocida a usar el Whatsapp en el ordenador, teniendo que moverme entre móvil y ordenador todo el rato haciendo abundantes capturas de pantalla, ya que le costaba encontrar las opciones, todo eso mientras tenía un manos libres con cables conectado, en un descuido mío al girarme, el móvil se cayó al suelo con tan mala pata que se golpeó por el lado de la conexión USB. Eso hizo que a partir de ese momento, para cargarlo, tuviese que mantener el cable en un alto para vencer la holgura que le había provocado el golpe a la conexión. Así me estuvo funcionando unos días hasta que uno en concreto, el móvil de repente, muere, y mis intentos por resucitarlo son todos en vano. Miré en foros pero no acertaban en el diagnóstico con lo que me pasaba a mi, ya que decían que con desinstalar el Viber valía y yo ni podía encenderlo ni tenía instalado el Viber. Probé a cargarlo y a encenderlo en modo recovery sin éxito. Además el coste de reparar la avería era similar a la de su precio, con lo cual no merecía la pena ni de lejos.
Estuve unos días tirando con un Nokia 130 que me compré en su momento como móvil auxiliar ya que la batería le dura hasta 30 días en espera y eso era ideal para llevárselo de maniobras. Ese teléfono como muchos supondréis tiene llamadas y mensajes. Bueno, y radio, y bluetooth, y mp3 y reproducción de vídeos en formato propietario, pero en una pantalla de 1 pulgada aprox.
Para no estar comunicado vale más que de sobra, pero para poco más. Tengo una tarifa con llamadas ilimitadas, 1000 sms mensuales y 7 gb de internet. Tarifa que desaprovecharía totalmente con un móvil así, aunque funcione perfectamente. Y caí en la cuenta de que hay smartphones Lumia con un rendimiento envidiable por menos de 100 € y pensé en lo más barato del catálogo. Días atrás, había estado asesorando a una amiga que se quería comprar un móvil nuevo con unos ahorros que pudo acumular de un trabajo en el que estuvo, pero quería gastarse el menor dinero posible. Claro que yo exploraba todas las posibilidades, y en Android lo barato más decente que se me pasa por la cabeza era el Moto E, que vale 120 €. Entiendo que la suma de dinero para pagarla del tirón es una suma muy importante, pero en Android por menos de ese dinero, no conozco yo un móvil cuya experiencia merezca la pena. Entonces recordé que cuando la asesoré también miré esos teléfonos precisamente por lo del precio, y que, después de leer análisis de los mismos, dichos análisis coinciden, es que el rendimiento del los teléfonos.
El más barato que vi, fue el Lumia 435 Dual Sim, que en la propia web de Microsoft enlazaban a una oferta de 50 € en Media Markt, pero como este mes no iba a poder disponer de dinero, aun así me tocaba esperar. Pues gracias a que me dieron 100 € como regalo de "cumplereyes" sí me pude hacer con uno. Llevo unos días con él y más contento no puedo estar.
La gama baja hace que carezca de flash, autofocus, HDR y cosas así, pero el hecho de que se pueda aprovechar mejor la tarjeta de memoria en Windows que en Android, se agradece bastante, porque aunque la memoria interna del móvil sea escasa, lo palía sobremanera poder meterle tarjetas de hasta 128 gb al teléfono. Como yo ya tenía una de 64, asunto resuelto. Por otro lado, impagable el hecho de que un teléfono de 50 € (79 suele costar en todos los lados, Amazon incluído) no solo tenga una versión stock de su sistema operativo, sino que además, tenga actualizaciones garantizadas de su propio fabricante.
Sólo me ha costado unos días saber todo lo que se puede hacer con WP, pero si bien es menos versátil que Android en lo que a posibilidades se refiere, la experiencia de usuario es más que satisfactoria. Creía que no había nada parecido a multitarea, pero sí, me contaron por un foro cómo se usaba, y ahora sí que estoy contento. Lo que todavía me cuesta creer es que otras veces he tenido móviles de precios similares o superiores y no eran, ni de lejos, tan completos como este. En los análisis decían que los ángulos de visión de la pantalla eran bastante incómodos y he de decir que he tenido que girar muchísimo la pantalla para que se vean mal los colores. Se quejaban también por ahí porque los negros no eran fieles. Hombre, no es una pantalla AMOLED, pero por cómo me lo pintaban en el análisis me esperaba una pantalla transflectiva con unos pixels como garbanzos y con una retroiluminación que parecería la de un reloj de Casio o unos fluorescentes detrás de una moldura de escayola, y qué va... Si eliges el tema oscuro, el fondo se ve negro, y esto es así. Y ni aun poniéndome puntillista le veo defectos a los negros, no los he visto peor que otros móviles que he tenido, si exceptuamos el Galaxy S, pero aquella pantalla saturaba muchísimo los colores, tenía peores ángulos de visión que esta pantalla y los rojos se veían muy pixelados, al parecer porque en la matriz, los leds rojos eran más grandes.
¿Qué puedo decir de las cámaras? Que puedo hacer fotos, que la calidad de grabación del vídeo es excelente, que tengo el privilegio de tener cámara frontal (muchos móviles de esa gama no la tienen) y que la app nativa, pese a las limitaciones, que pueda modificar manualmente la velocidad de obturación o la ISO para mi es impagable. No es la cámara del P7 (de las pocas cosas buenas que tenía), pero aun así y todo creo que me lo voy a pasar bien investigando las posiblidades que ofrece, a pocas que sean.
Mi móvil se va actualizar a Windows 10, cuando en Android, el que no tenga un gama alta, un Motorola, un BQ, un Android One o un Nexus, no sabe ni lo que es eso, y aun así y todo, la mayoría, cuando les llega la actualización via OTA les parece tan raro que se creen que es un virus.
Conclusión, los 50 € mejor invertidos de mi vida. Me pica el gusanillo de probar, más adelante, los Lumia de gama alta, ya que, al parecer, la cámara es canela en rama. Pero, mi conclusión, que recomiendo Lumia a quien adquiere un smartphone por primera vez, o a quien iOS o Android le viene grande. Para usuarios hardcore como yo, prefiero Android por su versatilidad y su gran cantidad de opciones, pero sin capas, por piedad. Aparte de que los servicios de Google, siento decirlo así pero dejan en pañales a los de Microsoft en mi opinión. Aunque, se agradece la convergencia entre PC y móvil, me ha sabido a poco, pero no desmerece para lo contento que estoy con el teléfono.

martes, 26 de marzo de 2013

Almendro

Almendro by David Arroyo Lobato
Almendro, a photo by David Arroyo Lobato on Flickr.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Tengo algo que contarte

Dios que infierno de mes de diciembre que llevo. Resulta que a finales del mes pasado me cojo un par de días de asuntos propios y nadie me informa de que en ese tiempo se ha metido prisa por elegir las vacaciones, las elijo, las firmo a toda prisa. Así mismo me piden que elija cuando quiero cogerme el día de mi patrona (la del arma al que pertenezco) y claro, dado que no ponían limitaciones, ni yo sabia que las había, lo elijo adyacente a las vacaciones. Pocos días más tarde, en la revista de habitaciones cometí mi primera e involuntaria cagada. Esperando a que alguien viniese o nos diese noticias de que no va a haber revista (ahora la tendencia es no hacerlo, muy bien). Salgo de la habitación a las nueve menos veinte de la mañana sin tener noticias de Gürb: “Se está agustito en la camareta, ¿no?”, me dice uno de mis jefes con sorna. Osea, ahora soy yo el culpable de que no se den noticias de si hay revista o no, bieeeen. Ah, casi se me olvida, el día antes, por no entender qué ordenes se me daban, estuve dos horas escaqueado y uno de mis jefes me echó una peta (no mencionaré empleos aquí). Así que claro, si se supone que ya me había echado una reprimenda verbal, lo de mi supuesto escaqueo, sencillamente no se lo creía, que yo pudiera ser reincidente. Vale, vuelvo del puente y todo dios me pregunta que por qué no me he cogido el día de la patrona. Ahi va la madre que me parió, y me entero de esa manera. Vale, voy p’adentro a decírselo al que se encarga de esas cosas, y claro se lo digo a él pero no a mi jefe directo que es quien me da permiso o no, así que un día libre menos. De lujo. A esa causa se suma otra más, la semana después de esa, osea, la semana pasada, cometí otra cagada más, no leer los servicios y no enterarme de que me tocaba presentarme de imaginaria, más mierda encima. Toma percutida por detrás y de las buenas, 4 días condenado a comer gratis, algunos sabréis lo que eso supone.

Esta semana no ha sido menos, en una marcha topográfica iba con un compañero que además de tener el título de soporte vital avanzado es un vivo de la hostia, y claro, aprovechó la excusa de un pequeño mareo mío para decir que nos vinieran a buscar. Del carajo sería de no ser porque no es la primera vez que me pasa eso. La primera vez sí me pasó algo, ahora no. Yo queriendo avisarle, pero él estaba tan obcecado en que asumía las consecuencias que no hubo manera de decirle que no estábamos haciendo lo correcto, sobre todo yo. Y lo que fue mas grave es que para colmo cuando decíamos donde estábamos, ni siquiera lo dijimos bien.

Luego me preguntaron por parte de mi material, de material que por culpa de ser un desastre lleva seis meses desaparecido, y como a mi me lo han visto en ocasiones anteriores, y como le había desaparecido a un compañero, mentí para no parecer yo un ladrón. El caso es que al final conté la verdad y miraron para otro lado, pero les tengo contentos y no porque yo haya querido, no por rebeldía. Por desidia mía en mi tiempo libre, sí. Total que ayer, dije que no la cagaría y de hecho apagué antes el ordenador para dedicarme a tareas imprescindibles, pero que en condiciones normales, no les hubiera dedicado tiempo. El caso es que tengo unas ganas loquísimas pero locas locas que te cagas de bajar a Madrid, desconectar (aunque me voy a ir a trabajar con mi padre por las mañanas, que me necesita, remuneración mediante, todo sea dicho), ver a la familia y quedar con los amigos, como siempre que bajo. En fin serafin, solo tenía ganas de desahogarme escribiendo por aquí y ya de paso contaros todo esto. Pues nada, mis queridos lectores (hola Juliana, te amo, que se que me lees), que la Potra os acompañe. Ciao.

viernes, 26 de noviembre de 2010

¿Por qué eres tan exhibicionista? ¿Por qué te gusta que te pregunten en público tantas cosas?

La has cagao preguntándome eso. Tengo la peligrosa afición de que se interesen por mí. Lo que pasa es que más a menudo de lo que sería menester. El fondo de la causa es larga de explicar, pero te la voy a contar. Mi padre fue desde que yo era ñajo hasta hace pocos años, electricista autónomo, ahora trabaja por cuenta ajena. Bueno, pues nosotros antes vivíamos en San Martín de Valdeiglesias, un pueblo limítrofe con Ávila del suroeste de Madrid. Pueblo que, como tantos, el negocio de la construcción se valía, (antes, ahora ya...) de las casas de fin de semana que se compraba la gente de ciudad. Pues uno de los clientes de mi padre era uno de esos constructores. Los pormenores no me los sé, solo sé que en una urbanización que estaban construyendo en el pueblo de al lado, Pelayos de la Presa (la etapa de mi vida de la que más malos recuerdos conservo y otros tantos que he olvidado) a mi viejo le dejaban un chalet de esos tirado de precio. Bueno, pues como teníamos ganas de vivir cómodamente y nos lo podíamos permitir así lo hicimos, un chalet individual con 500 metros cuadrados de parcela por 15 millones de pesetas. Mi padre como autónomo nunca ha tenido buen ojo para los negocios. Tuvo buenas rachas, si, pero no muy largas. Bueno pues, al mudarnos al pueblo de al lado, claro mis padres no podían saberlo, pero nos habíamos mudado a un pueblo que, teniendo 2000 y pico habitantes censados en el año 2000 (y hablo del año 91) era el pueblo con mayor índice de drogadicción de la Comunidad de Madrid en el que en un colegio con solo 75 alumnos, imagínate el percal. Ellos los cabrones y yo el eterno pardillo, para colmo un puto profe facha berrugón que, como no sabían apenas leer mis compañeros de clase (yo aprendí con 4 añitos) no empezamos los libros de texto hasta casi empezada la primavera y los libros iban de las estaciones del año, con dos cojones. Pues claro, mi nivel en clase, pasó de ser un niño feliz a estar rodeado de críos que disfrutaban haciendo eso que ahora se esfuerzan en eufemizar con la palabra bulling.
Bueno, pues mis padres tomaron represalias y me mandaron a un colegio privado. Otra vez a subir el nivel. Tuve que aprender inglés a toda leche, aprender a multiplicar y dividir porque no sabía y mis compañeros me llevaban la delantera. Tras tres años en ese colegio en los que me acostumbré a esa dinámica (aun años después, hay cosas de mi trabajo que me recuerdan a ese colegio), corría el 96 y va mi padre y presupuesta la obra más cara de su carrera empresarial hasta ese momento y le aceptan el presupuesto. Yo era ajeno a todo aquello, pero no me digas por qué razones, por lo que le contaría mi padre supongo, mi madre intuía que los clientes, una comunidad de propietarios en forma de pequeña urbanización de chalets individuales, no eran trigo limpio. Y así fue, ponían excusas gilipollescas para no pagar (te juro por la Gloria de Chanquete que nos hicieron limpiar la arena de la calle que habíamos levantado al cambiar la acometida eléctrica de la urbanización). Claro está, a mi padre todo eso le generó un agujero de deudas del copón y una de las primeras consecuencias fue sacarme a mi del colegio que valía 70 billetes al mes para volver con los capullos de familias desestructuradas de Pelayos y si a eso le sumas que mi madre, afligida porque mi padre no hizo caso de sus advertencias se desentendió del problema, mi padre pilló a quien tenía a mano para desahogarse, a un servidor, pues aquello hizo que yo sintiese la necesidad en mi cabeza de evadirme de la realidad e imaginarme que yo era un director de cine del carajo pues me supuso lo que mi madre dijo que se llama "principio de inmediatez" que lo quieres todo para ya, y que si no lo consigues te aislas en tí mismo. Solo que mi realidad idílica era la leche, claro. Pues ha venido siendo así hasta no hace tanto. Estuve yendo a la psicóloga de Navalcarnero que a mi no me sirvió de nada, pero a mi madre sí. Con 22 años (cumplo 27 en enero) me di cuenta escribiendo en mi diario (antes de ser blog) de lo que me pasaba y desde entonces, por tonto y por miedo, me ha costado levantar cabeza. Sólo en los dos últimos años he hecho progresos significativos conmigo mismo y solo hace dos meses que estudio algo que tendría que haber empezado a estudiar con 16 cuando acabé el instituto y a mis padres no les hubiera importado pagarlo de no ser porque, por no tener ganas de informarme, me equivoqué de academia, me arrepentí y la cagué hasta el fondo. Tengo la ilusión de dedicarme al cine y, a ser posible, también a los videojuegos. Puede sonar a pajaritos, pero he tenido que dedicarme a lo que menos se parece a mi ilusión para tener cojones a durar en un trabajo con el que poder pagarme esos estudios y, estar rodeado de gente con la que me siento identificado hace que tenga ganas de contar a la gente mi historia para que se sientan identificados por mi causa, por eso me gusta que se interesen por mi, y por eso escribo un blog. Blog en el que me permito el lujo de darle un aire literario a una vida cotidiana que, con un poco más de paciencia, la que no he tenido cojones a tener antes, conseguiré lo que me propongo, ahora que estoy más cerca que nunca de conseguirlo.

Soy un libro abierto, según para quien