sábado, 20 de diciembre de 2008

Ay la leche

Acabo de releer la última entrada seria que dejé en Windows Live y es acojonantemente comprensible que los lectores menos asíduos estéis desorientados que flipas. En dicha entrada ponía que desde que me había tocado la casa tenía unas ganas de cultivarme que flipas. Ja ja ja ja, re ja y más ja, cómo ha cambiado el panorama en tres meses. Para empezar, mis padres se han comprado un ordenador portátil desde el cual estoy escribiendo así que ya no tendré el problema de disponibilidad para escribir en momentos que, de otra manera no los tendría, o siempre le serían inoportunos al bueno de mi hermano. Eso lo primero, lo segundo, renuncié a la casa, lo tercero, me voy al ejército, y sí ya había adelantado algo en mis entradas desde el móvil, pero os voy a contar el por qué de toda esta debacle cuyo detonante tuvo lugar el pasado mes de noviembre.
Estaba hasta los cojones del trabajo de reponedor, no por el trabajo en sí, sino por lo poco que me cundía para tener responsabilidades (a saber, la casa) y yo quería irme, pero claro, teniendo un sueldo fijo, a dónde te vas... Yo que adolezco de picardía, no se me pasaban muchas alternativas por la cabeza, entre ellas el ejército, y mi compañero Álex también tenía esa idea en la cabeza, pero tampoco hice mucho al respecto, en aquel momento. Un buen día, el 10 de noviembre del año pasado, me llaman ese mismo día por la tarde, mientras curraba, de un curro de electricista en el que yo dejé mi solicitud por internet. Me saltaré los detalles del lío de llamadas que tuve esa tarde. Sí diré que me lo pintaban de la ostia. 1200 € al mes, de lunes a viernes, de 8 a 5 de la tarde, horas aparte, tenemos obras en todos los lados... Sí, sí, todo muy bonito, pero les corría prisa que entrase y, claro, yo de los nervios, por una parte contento, porque, era la mejor oportunidad que se me presentaba de mejorar mis condiciones de trabajo, pero ya digo, nervioso porque, la prisa de por sí, me hacía estar más nervioso y tomar decisiones, ya en el momento, precipitadas. Y tanto, al día siguiente, me dio el bajón del 15 cuando me mandan irme al centro comercial la Gavia, que estaban apunto de inaugurarlo, aquí en el Ensanche de Vallecas y me tienen dos horas esperando en la puerta de un local, sin saber qué ostias hacer ni nada, sin darme herramientas de ninguna clase, cuando, lo gracioso, fue que me mandaron hacer cosas que yo sabía hacer, pese a que nunca he mostrado especial atención a mi padre, pero después de tantos años... En fin, que ahí me tiré dos horas esperando hasta la hora de la comida. A la hora de la comida, mis compañeros, extranjeros todos, me comentaron que, sí, que los contratos eran por obra y servicio y que eso les daba libertad para tenerte en casa cuando a ellos les viniese en gana, de ahí que esos 1200 € al mes, en la práctica... Y yo había dejado con el culo al aire a los del supermercado por eso... Aun así y todo, asumí el riesgo, aunque me enteré, demasiado tarde, que como había firmado la baja voluntaria con fecha del sábado de esa misma semana, hubiera podido retractarme, y nada de lo que voy a escribir, hubiera tenido lugar, incluso cuando el jueves me quedé sin trabajo pues inauguraron el jodido centro comercial, pero ya no se puede hacer nada... Después de los primeros ánimos que me dió Álex, el siguiente en proponerme esa idea, fue Alberto, un chico que conozco de pasear a la perra en el parque, que fue legionario en tiempos, y se lo pasó de miedo, según su opinión. Bueno, pues, después de hacer pública mi decisión al ver que los muy hijos de puta, como era de esperar, no me llamaron para ninguna obra, pues, según ellos, la de Pozuelo no había empezado todavía, y, según ellos no empezará hasta después de las vacaciones de Navidad que todos los años se toman, pero que no obstante, están contentos conmigo y que me volverían a llamar. La putada es que llevo mes y medio sin currar y, ahora, en parte por voluntad mía, he elegido, por primera vez en mi vida, trabajar lejos de casa, y durante una larga temporada. Pero, tras pasar las pruebas con un aprobado raspado, me destinan a Zaragoza. Pero mira, voy a estar lejos de casa y voy a espabilar como el que más que buena falta me hace. No es que esté muy convencido de lo que digo, pero tengo asumido que es cierto. Mira, por lo menos me vale que mucha gente como yo nos hemos visto en la misma situación y hemos recurrido a lo mismo, a trabajar para los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado, osea, a lo único seguro que queda, y, como me dice todo Cristo, que pase desapercibido y trate de sacarle el mayor partido posible. Claro que eso es a lo que voy mientras dure, aunque mi meta siga siendo pagarme la dichosa "carrera de cine digital". Veréis, ya llevaba yo tiempo a cuestas con mi crisis personal de que, ser responsable de una casa sin tener oficio ni beneficio, me iba a suponer estar condenado de por vida a no saber lo que quiero, y si yo iba a trabajar de reponedor toda mi vida... Ya no es por errores del pasado, ni por demostrar a mis padres lo maduro que soy, que no lo soy, sino porque, de haber estado seguro de lo que quiero, hubiese renunciado a la casa tiempo antes y, con mi sueldo de reponedor podría pagarme el curso perfectamente, pero mira, he hecho el gilipollas y he pagado las consecuencias. Aunque no sé por qué me da que estos dos años van a ser, para bien, la ostia. He oido decenas de opiniones y de experiencias sobre el ejército, y todas tan dispares que he preferido deshecharlas, para no tener una idea preconcebida y para que ello no me lleve a actuar a la defensiva. Algo en lo que, asombrosamente, ha coincidido todo el mundo es en que pase desapercibido para no ser objeto de mofas ni de envidias. Seguramente al principio todo me parezca el más hostil de los infiernos, pero espero adaptarme pronto y, siendo como soy, no creo que tarde en encontrarme agusto. La movida es que el día 12 tengo que estar a las ocho de la tarde en Toledo, para comenzar mi instrucción y aun no me hago a la idea. Que la Potra os acompañe. Ciao.

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