domingo, 21 de junio de 2009

Mi mismo idioma

Que sería de una entrada mía al blog sin estar escrita a las tantas de la mañana, ¿verdad? Será por la tranquilidad que la noche me inspira. No creáis, me ha costado horas y horas de hacer cosillas de esas pendientes que uno aprovecha a hacer cuando no tiene que pagar por un ciber antes de poder ponerme a escribir sin sentirme agobiado por la sensación de que me dejo algo por hacer.

Últimamente me obsesiona, y no es para menos, el afán por controlarme con el dinero, pues no veo el momento de presumir de mi libertad. Aunque lo suyo sería que, pasado el año y medio que me queda, la situación vaya a mejor, pues eso es lo que he venido a aprender lejos de casa.

Por fin puedo contaros no las vivencias en sí, pues no son tantas, pero sí las emociones vividas en estos dos puñeteros meses, que tanta intriga despertaban en mí, y por lo tanto, en vosotros, mis ávidos seguidores. He echado de menos más de una noche tener con qué postear en el blog, por ejemplo, la noche de antes de llegar al cuartel, que estaba más nervioso que el dentista del conde Drácula.

No fui capaz de controlar la situación hasta que no llegué al cuartel, os lo podéis imaginar. Las maletas, las prisas… A 300 km de mi casa con dos maletas, un macuto y un traje de bonito colgando, y no pude haber elegido peor sitio para dormir que un jodido cuchitril en el que había que andar de espaldas de lo mal que estaba, y eso que el de recepción presumía de que había sido reformado recientemente. Iba con mi mariconera repleta de mapas impresos del Google Earth de como llegar desde la estación de Delicias hasta la pensión, que, para colmo, con tantos bultos, cualquiera tenía cojones a ir andando 2 km con todo eso a cuestas. Eso sumado a que no me sobraba la pasta (poner pasta en casa y desfogarse con caprichos tales como una PSP dejan a uno mermado), hacían que mi acojone por no saber si tenía alojamiento en el cuartel subiera a límites estratosféricos y sin saber siquiera donde podría dejar las maletas al día siguiente. Ese mismo domingo, quedé con Rubén, uno de mis compañeros de la academia con los que compartía destino, para pasar el día. Ese día miré el par de habitaciones de alquiler por 200 € al mes que había buscado por internet, y a cual peor. En una, no tenía donde dejar toda la ropa que traía, más militar que de calle. Y en la otra, sí, compartía piso con gente de Erasmus, pero madre mía, como tenían el piso…

En fin, que con el saldo del móvil escaseando, con los nervios a flor de piel y con unas horas a las que me era intempestivo llamar según a quien. Conseguí calmarme un poco tras hablar con Bruno, mi madre y Nioka.

A la mañana siguiente, mi otro problema era despertarme con la antelación suficiente como para tenerme listo a mí mismo vestido de bonito y todo mi descomunal equipaje, encontrar una parada de taxis y llegar a tiempo al cuartel. Lo que consiguió tranquilizarme fueron estas palabras del cabo primero que nos recibió:

- Venís todos de fuera, ¿no?

- Sí, mi primero. –contestamos todos.

- Lo digo porque he pedido alojamiento en el cuartel para todos y andamos justos de plazas

Primer alivio de un día que iba a ser de trámites y presentaciones. La cosa pintaba bien, los mandos parecían todos muy majos, se respiraba buen rollo… Sólo faltaba el símbolo de la paz en la puerta del cuartel. Lo siguiente fueron los alojamientos. Había visto un par de habitaciones el día anterior que dejaban mucho que desear, no tenía ninguna expectativa al respecto. Pero el segundo alivio fue comprobar como solo dormíamos tres personas en cada camareta y que cada cual, gozaba de la comodidad suficiente como para no echar de menos ninguno de esos dos cuchitriles. Es más, siendo gratis, les daba mil vueltas. El tercer alivio fue lo de la manutención. La comida corre a cuenta del Estado, pero el desayuno y la cena está por un precio irrisorio. No sabría decirte cantidades exactas, pero por 6 € aprox, cenas de lunes a viernes, caliente, y dos platos. Los fines de semana también hay comedor, pero cuesta un poquitín más. Yo ya había tenido una toma de contacto con Zaragoza y lo primero que me llamó la atención es que pese a ser casi entera de bloques de muchos pisos, es una ciudad tranquila en la que no ves excesivas aglomeraciones de tráfico ni de gente. Admirable, para haber sido la sede de una exposición universal. Ni punto de comparación con Toledo, con una comunicación cojonuda en transporte público, con wifi por toda la ciudad y con zonas y centros comerciales de sobra como para satisfacer todo lo que uno pueda necesitar puntualmente, ocio incluido.

Y bueno, por lo que a nuestro trabajo respecta, una vez dentro, nuestro trabajo se divide en dos grupos, el grupo de sanidad y el escalón médico avanzado del ejército de tierra o EMAT, para abreviar. Nos explicaron el cometido de cada uno, pero lo gracioso es que llevo dos meses ahí y aun no veo las diferencias sobre la práctica. Me explico, a mi me metierion en el EMAT, unidad, según decían, más operativa, pero que luego son a los del grupo a los que más caña meten. Pero aun metiéndoles más caña, su cometido es el mismo, cuando en el papel, su capacidad operativa supuestamente es menor… Yo que sé, de estas cosas que es mejor no cuestionártelas… Al grano, todo lo que me dijeron de la Agrusan 3 era cierto, ni punto de comparación con la Academia. Más buen rollo con los mandos, más libertad, horario más reducido, trabajo que casi no lo parece, descanso a media mañana para “almorzar” camareta lo suficientemente bien equipada y acogedora como para poder pasar una estancia agradable durante los años de compromiso que hayas firmado. Con margen suficiente como para poder equiparla con todo aquello que uno pueda echar de menos, ordenador, tele, consola… Y por fin podía dejar tranquilamente el móvil cargando sin tener que vigilarlo, con la consiguiente pérdida de tiempo que eso me suponía. Por fin duchas que poder usar a cualquier hora y sin restricciones de agua caliente y si encima las continuadas son casi de turismo, no se puede pedir más.

Encima, la proporción de chicas es mayor que la de chicos en ese cuartel. Pero entrando en terreno más personal, y corroborando lo que me aconsejaba mi tío, lo mejor es ir a mi bola e ir con gente que habla mi mismo idioma, que la hay y la he encontrado, por suerte. Gente con la que comparto inquietudes y con la que, por extensión, me lo puedo pasar de puta madre haciendo planes que, difícil será que tengamos por lo que discutir.

El resto ya os lo sabéis de memoria de las entradas relámpago que os he escrito. He estado en Barcelona, con Nioka, y tan bien como siempre. De momento, pese a que ya tengo con lo que hacer fotos a una calidad competente (móvil de contrato incluido) no quiero empezar a subir fotos hasta que tenga ordenador propio, por la sencilla razón de que no quiero descargarlas en uno que no procede usar para tal cosa. Este mes que viene, mesura de por medio, tengo visitas pendientes a Asturias, Madrid y Barcelona. Aun me quedan Alicante, San Sebastián y Málaga en las que ir a visitar a amigas que conozco y no tardaré mucho en hacerles una visita. Tengo, así mismo, vacaciones del 10 al 28 de agosto, fines de semana inclusive, así que ya puedo aprovecharlo bien y dar buena fe de ello en el blog. Y aun me deben 7 días laborables más que trataré de cogérmelos en navidad, eso más 6 días de asuntos propios al año. Eso sin contar los días de saliente de guardia o los que nos den por posibles continuadas que hagamos.

Lo tengo todo dispuesto para quemar España, solo falta que tenga cojones a controlarme con el dinero y todo me irá a pedir de boca, y la semana que viene cobramos nuestro sueldo más la extra, que es menos de lo que me esperaba, pero suficiente para comprarme un ordenador. Y me apuntaré a una autoescuela de una puñetera vez, a ver si me quito otro muerto de encima. Que la Potra os acompañe. Ciao.

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