domingo, 26 de julio de 2009

Justo a tiempo

Anoche, quedé un ratillo con Bruno. Lo único que hicimos fue estar sentados en un banco charlando. No es la primera vez, ni será la última, ni de lejos, que saquemos conclusiones de esas que al resto de los mortales les parezcan obvias, pero que nosotros hemos tardado en caer en la cuenta.

Todos tenemos personas que están ahí cuando las necesitamos, hablamos de familiares y amigos acérrimos. Pero anda que no hemos echado pestes a los veranos que hemos pasado aburridos por culpa de no tener nadie más con quien quedar. Muchas veces nos ha pasado que hemos conocido a personas con las que nos lo hemos pasado de puta madre en momentos puntuales y por desidia hemos abandonado esa relación. Pero en el cuartel, después de constatar que hay gente con la que me lo puedo pasar bien saliendo de noche, o de día, da igual, me estoy dando cuenta de que cada vez hay más. No son muchos, por suerte, pero sí los suficientes como para abrir los ojos, y cuidarles lo suficiente como para que no me pase que cuando quiera hacer planes con ellos ya tengan su vida social hecha, como tantas otras veces me ha pasado.

No diré nombres hasta que no tenga su consentimiento, claro está. Pero es una feliz certeza la de que tenga con quien hacer planes y pasármelo de puta madre. Este verano, no se parece en nada a los anteriores, y no es solo mi estancia en el ejército lo que hace que se salga de lo cotidiano, es que estoy más solicitado que de costumbre, por eso, me atrevo a decir, creo que he abierto los ojos, porque no quiero que me pase lo mismo que veranos anteriores. Lo único es que manda cojones que me haya metido a militar para estar en el mejor trabajo que haya estado jamás y manda huevos que me haya tenido que ir a vivir a Zaragoza para quedar más con la gente de Madrid, suerte que me sale barato.

Mis lectores me pedíais a gritos una entrada nueva y aquí está, a tres horas de volverme a Zaragoza, con dos cojones. Y otra cosa de la que me he dado cuenta es que la vuelta al curro tras cada fin de semana ya no se me ha vuelto a antojar dolorosa desde que estoy en mi destino. Me estaba acordando, nuevamente, de la nevada que cayó el día de mi cumpleaños y de la frase que se marcó Llis al decir que “y va el cielo y lo celebra con confetti” (leyendo conversaciones guardadas del messenger, y tal) más que nada, porque cualquier parecido de este año con los anteriores es pura coincidencia.

Habréis notado que en mis últimas entradas ya se me ha quitado el encabronamiento. Los comentarios agresivos de la gente que no me cae bien, ya no me afectan tanto, ni de lejos y este, además, es el primer mes en la ostia de tiempo que lo acabo con pasta y con ahorros en la cuenta destinada a tal efecto. He viajado a Barcelona, a Asturias y la gente con la que me hacía ilusión de un modo u otro ha vuelto. Ahora en agosto, quiero hacer una escapada a un sitio en el que no haya estado antes, a ser posible más de un fin de semana y a ser posible con compañía, lo intenté con el cabo Baide (ahora recién admitido a la escala básica de suboficiales), pero en temporada alta, sitios como Londres están carísimos, incluso yéndose de albergues. Eso y que los precios de los billetes de avión son de lo más caprichosamente imprevisibles que hay, y eso me irrita. Pero por ejemplo, miré yo por curiosidad albergues en sitios de Inglaterra que ni me sonaban, y estaban baratos incluso en estas fechas, lo que no comprobé es en qué zona del país se encontraban dichos albergues. Pero vamos, que se puede considerar como opción en un momento dado.

En cualquier caso, si me lo monto de puta madre, mis escapadas de fin de semana podrían ser a alguna capital de Europa. Aunque esa opción no sea la que más cunda, para volver, siempre hay tiempo.

Luego para septiembre tengo pendientes cosas como mirar academias de infografía, sacarme el carnet de conducir (por mis muelas) y comprarme el ordenador, que basta que imprima una nómina mía en el momento que vaya a por él, para ponerlo a pagar en varios meses, igual que con la autoescuela. No sé, aun sigo pensando en los caprichos materiales, no ya como opción segura sino como duda, pero sigo pensando en ellos, supongo que el tiempo, y mi eficiencia a la hora de administrarme, determinarán cuales me compre y cuales no.

No quería decirlo, pues corro el peligro de que se me suba a la cabeza, o de que los demás creáis que se me sube, pero estoy solicitado y tengo miedo de fallar a alguien, así que aunque solo sea por esa razón, pretendo no bajar la guardia al menos en lo que queda de verano, y si paso esa prueba de fuego, seguro que llegaré al otoño y al invierno más fortalecido que nunca y este año habrá colmado mis mejores espectativas.

En el terreno de lo sentimental, que no quería irme de aquí sin mencionarlo, en momentos puntuales hecho de menos estar acaramelado con alguna hembra que me lo ponga a huevo, pero como me he obsesionado con el tema, he intentado en vano buscar con quien poder hacerlo, lo cual me llevó a otra conclusión que compartí con Bruno en el momento de sacarla y era que basta que vayas tú detrás de la gente para que no te hagan ni puñetero caso, y basta que estés solicitado, para que sí te lo hagan. Y como por desgracia no puedo pretender buscar compañía sentimental, es el momento más idóneo aun si cabe, para hacerle caso a quien sí me lo hace a mí, para estar lo suficientemente entretenido como para no echar de menos tales o cuales cosas. Y algo que me tranquiliza más aun, es que hasta en el cuartel he encontrado aliadas (una de ellas, acérrima lectora de mi blog) para echarme un cable en el momento que yo lo necesite, para hablarles de temas personales con confianza. Con ese apoyo y poniendo de mi parte, me juego el cuello y no lo pierdo a que me espera, para empezar, el mejor final de año de mi vida. Que la Potra os acompañe. Ciao

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