miércoles, 25 de noviembre de 2009

The power zone (benditos años 90)

Iba a escribir por otros derroteros pero como me estoy demorando en exceso, el que iba a ser el hilo conductor de esta entrada, se quedará en algo más testimonial de lo que tenía pensado.

Ahondando en la que yo recuerdo como una de las épocas más felices de mi vida (de la que más recuerdos felices conservo), de una de las canciones de moda en esa época, allá por el 93, extraigo el título de esa entrada.

Escuchaba en un reportaje días atrás que las malas acciones se quedan más arraigadas en el cerebro que las buenas, y que, según ciertos estudios, hacen falta 4 malas acciones para compensar una buena, ¿no? Es por eso que tengo muchos recuerdos inconexos, pero baste mencionar que una de las últimas veces que bajé a Madrid, aproveché, bendito sea internet, para redimirme de, digamos, una espinita clavada de mi pre adolescencia: bajarme todos los recopilatorios de música “bakalao” (dance, para los que nacisteis a principios de los 90) que en su momento ni me pude comprar ni tuve alma caritativa que me los grabase. Bueno, muchos sí, pero los tengo en cintas de casete o en discos de vinilo, porque, CD’s, pocos. Fíjate como será la cosa que el primer lector de compact disc que tuvimos fue el del ordenador, que, además ser el único que teníamos y que mi padre usaba para trabajar (y yo para jugar, lo que se podía con un triste 486sx a 33 MHz cuando los pentium empezaban a aflorar…), estaba en la oficina, o sea, en la planta de abajo del chalet. Y el siguiente fue la PlayStation, así que…

Pues bueno, eso de bajarme todos esos recopilatorios sirvió para:

  1. Recordar que hubo un tiempo antes de que me sacaran del colegio privado en que, con mis pros y mis contras, yo era el puto amo
  2. Que mis gustos musicales y de cine no son más maduros porque decir que llevo viviendo en Rivas 8 años no es tiempo suficiente, si tenemos en cuenta de que he pasado rachas muy turbias como os he ido contando desde que llevo escribiendo el blog, no han dado de sí para que tenga la mente despejada para centrarme en cosas así. Y…
  3. Que las aguas han vuelto a su cauce, solo que a diferencia de cuando tenía 12 años, solo me queda un año para enderezar el entuerto que yo solo me he gestado durante tanto tiempo.

Partiendo de esa base, el lunes tomé una decisión que he comenzado a ejecutar hoy, aprovechando que tengo saliente de guardia (ahora os cuento, que tengo telita para contar…) y es la de, amén, autodisciplinarme a mí mismo. Miedo me da cuando echo de menos la Academia de Infantería, solo por el hecho de estar tan perezosamente acomodado a mis nuevas circunstancias. Otro aspecto sobre mí que yo mismo me había puesto en entredicho pese a tenerlo superado en apariencia, es a aceptarme como soy salvo en aquellas cosas en las que mi desidia, me afecte directamente (volviendo así a lo de la disciplina y cerrando el círculo).

Vengo a decir, por ejemplo, que si yo escucho casi de todo, pero no soy un erudito, no acomplejarme por ello. Precisamente, adquirir cultura es algo que no me ha de preocupar ahora mismo, que es algo en lo que no quería caer en la cuenta.

Digamos que lo de ser introvertido me viene desde que tengo uso de razón y que de aquella era mi prima la que en los veranos en Pelayos partía el bacalao, pero aparte de eso y de la chusma que por allí asomaba… Recuerdo que en la venta San Miguel, debajo del campamento permanente que mi colegio, del mismo nombre, tenía instalado allí, en el verano del 95, para ser más exactos, me compré en dicha venta, un par de cintas quincedurescas (a.k.a, de gasolinera) de esas de música dance pero que cuando Jorge, el coordinador del campamento (y profesor de educación física en el colegio) nos dejaba sacar el radiocassette por las noches, yo era el amo en bicicleta poniendo canciones como “viva la fiesta” de Paco Pil o “Valee de Larmes” de Rene et Gascón (buscad en youtube, buscad, buscad…) y que en Pelayos, los menos, también tenía con quien llevarme bien, desde luego.

Lo de la auto disciplina, creo que es por motivos obvios. Me queda un año en Zaragoza y no tengo ni puta idea de lo que haré después (por supuesto, sé que no volveré a tomar más decisiones a lo loco) así que como no cuento con lo que sucederá más allá del 11 de enero de 2011, pues cuento nada más que con un año para respetarme a mí mismo o no volveré a tener más oportunidades.

Ese es el objetivo

Lo de ir a mi bola no basta únicamente como medida de protesta y de apatía injustificada hacia los demás. Hombre, por valer valdría pero si no está justificado, todo el mundo me miraría con malos ojos y no tendría con qué defenderme. Pero si es por una razón, es decir, porque sé lo que quiero (cuantas veces habré dicho eso desde que renuncié a la casa…) Pues partiré la pana, y esa es la segunda parte del objetivo.

Me había dado cuenta que la vida social y sentimental tenía mucho que ver en que yo tuviese la conciencia tranquila. Y si estoy hasta los cojones de ciertas situaciones en el cuartel, algunas con más que dudosa credibilidad, pues oye, cuesta centrarse. Ya hablé de mi reciente cambio de actitud para con las mujeres, que por suerte, no ha tenido la más mínima polémica, en contra de lo que me esperaba. Y ahora que las oportunidades se suceden más deprisa, que las que conozco me tratan de puta madre, que las confianzas que me tomo, no se las toman ellas con malos ojos y que a pocos meses vista está viajar como un hijoputa (viaje a Colombia incluido) está claro que voy a gozarla. Seré sincero, tengo ganas de lo que surja.(correspondido y consentido, claro está). Tengo ganas de disfrutar y por suerte la edad no es un impedimento, para esto aun soy joven. Es más, que tire la primera piedra el que tenga cojones a darme ejemplo, y más aquí dentro del cuartel…

Y hablando del rey de Roma, que por la puerta asoma, aquí dentro se da el caso (cuyos precedentes se remontan, de nuevo, a mi tierna adolescencia) de que hay mucha gente se toma el lujo de ser narcisista conmigo y de creerse en posesión de la verdad y de poder decidir por mi lo que es bueno y lo que es malo. Quería escribirlo sin maldad, pero no me sale de los cojones. Si bien es verdad que un grupo reducido de gente me sugiere, pero sin ánimo de interferir en mi criterio, repito, sin ánimo de interferir en mi criterio, son la extensa mayoría los que, insisto, se permiten el lujo de ser narcisistas y camuflar sus ánimos de burla, de falsa amabilidad y ganas de “instruirme” en váyase usted a saber qué. Lo que veo es que como soy fácil de manipular según para qué cosas, cada cual intenta llevarme a su propio terreno. Razón de más para establecerme a mí mismo una disciplina y que todo el mundo note que se me puede tomar en serio. Pues dicha disciplina pasa por hacer más cosas que solo el ordenador, que por muy tentador que sea disfrutar de tantas horas de ocio al día, necesito algo más productivo a poco que sea. Eso y no descuidar mis quehaceres, aunque solo sea por estar organizado. Iniciativa, me dicen que me falta e iniciativa me voy a inyectar en vena.

Tengo aquí unos pocos libros ya empezados y que me los quiero leer y podría empezar por ahí. Lo siguiente es que la gente ya se ha concienciado de que mi teléfono no está para dar compañía gratuita con la sola justificación del antojo ajeno, consecuencia de lo cual, mi gasto, no del de la factura que va a venir pues aún es tocha, sino el de la siguiente, está siendo contenido de la ostia. Y lejos de alegrarme por lo poco que llevo, me acojono para no confiarme.

¿Que más? Me falta carácter, sí, pero los del club de los narcisistas se lo toman como unas olimpiadas, como el entrenamiento de un monje shaolin o algo, porque yo no sé cuantas veces me han dicho “cuando salgas a la calle”, como si no fuese la vez definitiva y ya he pasado por unos 15 trabajos distintos así a ojímetro. Está claro que con compañeros de todos los colores, y puede que no haya pillado ciertos vaciles, pero nunca han ido a tan a machete a por mí, a dejarme tan en evidencia por mera y cruel diversión. Sea como fuere, ese trámite que esa gente insiste en que es necesario, yo no lo veo así. La gente de la que yo me rodeo, aparte de parecerse a mí, coincide conmigo en calificar de chusma a todos los del mencionado club, cuando luego son gente que todo se lo toman a la defensiva o que se toman verdades como comentarios ofensivos. Precisamente, uno de los que coincide con mi opinión de los falsos narcisistas, ha sido militar antes y no necesitaba ser un garrulo para hacerse respetar en una unidad mucho más cañera y más llena de pirados que la mía.

Bueno, a ese chaval, quien sigue mi blog fervientemente y al pobre le tengo con hambre de leer, le dije que el proceso de mi auto disciplina va a ser lento aunque constante. Una vez despejada la cabeza con esos pequeños placeres que no me piden pan y una vez habiendo hecho consecuentes con mi causa, más aun, a la gente que me rodea, y una vez puestas encima de la mesa mis intenciones, organización mediante, las iniciativas pasan por hacer lo que digo (carnet de conducir, cursos de infografía…) y luego por viajar, ahora que he visto albergues en Londres por, agárrate, 8 euros la noche en pleno mes de agosto reservándolo ahora. Y digo Londres por mencionar un ejemplo de decenas de ellos, que aun tengo la asignatura pendiente de administrarme bien con la pasta, que no quiero confiarme hasta que lleve varios meses yéndome bien y acostumbrándome a esa dinámica.

De momento, y ya para terminar, este mes voy a cobrar el llamado plus por rendimiento, que son 96 € más, más luego me van a dar 50 € por hacer la guardia que hice ayer, ya que la interesada no podía hacer la guardia ayer y no tenía con quien cambiarla (yo no tengo guardias este mes). Guardia gracias a la cual tengo saliente y ahora estoy escribiendo apaciblemente en el blog. Y por último, aun hay gente que me debe dinero que le he prestado y se han escaqueado porque no me he acordado de preguntarles. Pero de cuando cobremos la nómina, no pasa. Así que este mes ya tengo cubiertos los gastos de ropa que me tengo que comprar, que me hace mucha falta. Ya sabéis que yo con la ropa no soy muy compulsivo precisamente. Y en diciembre me voy a dar el último gran capricho en meses si no contamos el material de acampada o mi seguro viaje a Colombia: la turbo flamante PlayStation 3, que ya está aguardando paciente uno de los puertos HDMI de mi tele para enchufar esa consola. Y poco más, hijos míos. Ya he ido a cambiar las sábanas y la colcha que me dijo mi compañero de habitación en boca del sargento primero que se encarga de los alojamientos, que cambiase la colcha, que la mía estaba llena de quemazos de tabaco y de parches.

Pues nada más, chavatars, siento haberos hecho esperar tanto y me he sentado unas pocas veces a escribir en el cuartel y en casa, pero no sabía como concluir hasta que fundido en una sola entrada, todas esas cosas que tenía ganas de contar. Sin más por el momento, que la Potra os acompañe. Ciao.

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