martes, 29 de diciembre de 2009

¿A quién quiero engañar?

Hacía tiempo que no pasaba por una crisis existencial, y esta vez es gorda. No busco palabras de consuelo, para variar, pues de nada sirve camuflarme en mi piel de cordero si bien sé que se está bien cómodo con alojamiento gratis, comida a precio testimonial y con el sueldo entero para mí solo. Buscar, lo que se dice buscar, lo que busco son ganas de quitarme tentaciones de encima y, eso sí, por suerte, lo tengo fácil. Una vez quitadas de encima las ganas de tener una PS3 que ya obra en mi poder (aunque la tengo en Rivas, a la espera de volver este sábado y aprovechar todo lo que pueda esa pantalla de 40’ hasta que vuelva el día 12, que me he cogido todos juntos los días de asuntos propios), ahora, por suerte, aunque sigo teniendo determinados caprichillos puntuales en mente, no son cosas caras (al fin) y no me corren prisa. Ahora me ocupan la cabeza otros asuntos: conocer gente. Ya he tocado este tema antes, pero es que ahora ocupa toda mi atención, al menos en lo que al blog se refiere.

Esta mañana hablaba con un colega al que suelo mencionar por aquí con frecuencia aunque no he dicho su nombre, al menos que yo recuerde. Dicho colega, en tiempos, aficionado a los locales góticos, dijo que renegó de ellos por el puterío que allí se cocía. ¿Y qué? Para mí mejor.

Tenía que repasar entradas para cerciorarme de que no me repito en exceso, con lo cual mejor, así me ahorro las redundancias. Hablamos de que yo a mi placer no le quiero poner precio, aunque aun tengo que cuidarme más. Hablamos de que el material de acampada que pienso pillarme vale tan poco en comparación con lo que yo pensaba que no me supone un impedimento. Hablamos de que cada vez conozco más redes de albergues y mi curiosidad sale más de su letargo en lo que a cultura general se refiere. Hablamos de que las vías de escape las tengo más cerca de lo que yo mismo sospecho.

Y por último, no estamos hablando, aunque esto también lo dije, de moral, de ética, ni de dar ejemplos. Hablamos de que cuando tenga pareja y descendencia (un suponer), no eche la vista atrás y me arrepienta de no haber hecho todas esas cosas que ya no podré hacer en esas circunstancias. Veo mamoneo y si yo no soy quien para juzgar a nadie, nadie es quien para juzgarme a mí. Hablo de que no responderé ante ciertos juicios u opiniones, pues, por mucha razón que puedan tener, demasiado sano soy como para poder permitirme los determinados lujos. Hablo de que mis deseos van por delante. Y ahora que los materiales están colmados de sobra, van los carnales, que esos no piden pan. Osadías, sí, y muchas, pero no un desembolso de dinero tan importante como comprarme cacharritos multimedia, ni de lejos. No sé que cojones voy a hacer este año que me queda, pero estando inquieto como estoy, o me alimento de estímulos emocionales para distraerme, o me desboco. Y mira, con la mente distraída, pero para bien, es decir, con ciertas necesidades, virtuales o no, cubiertas, es posible que me venga hasta bien y todo. Algo tengo que ahorrar y/o invertir. Puede ser tiempo, puede ser dinero o pueden ser las dos cosas.

Ya he recuperado el interés por la cultura general que a mí me interesa, y es cuestión de tiempo que mi curiosidad coja carrerilla y me haga un experto de los cuadros del Prado. Ya tengo internet a toda ostia en casa y en el cuartel. Ya tengo mi ansiada PS3, ya tengo mi centro de operaciones cuasi montado, a la espera de poder conectar el ordenata y la PS3 a internet simultáneamente con un router HSPA+. Ahora lo que tengo ganas es de quemar España y lo que no es España gastando el menor dinero posible, las ganas de lo demás vendrán solas, espero. Que la Potra os acompañe. Ciao

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