domingo, 26 de abril de 2009

Si

¿Os acordáis de la turbo nevada que cayó el día de mi cumpleaños, es decir, el 9 de enero? Dije que, el hecho de que cayese una nevada tan tocha justo el día de mi cumpleaños solo podía ser un buen presagio ¿verdad? Pues ayer me acordé mucho de ese día, aunque no estaba tan eufórico como cabía esperar en una situación así. Sí porque me iba a largar de ahí, pero por nada más, no me emocioné por gente a la que no iba a ver, más que nada porque no son tantos, y, para nada, no voy a perder el contacto con ellos.

He publicitado mi blog entre gente de quienes vamos a Zaragoza, más que nada porque son parte de las personas con las que más confianza tengo ahí dentro, aunque hay más, desde luego. No me han dejado comentarios, me lo han dicho in situ, me han dicho que si mi blog es triste y sí, ahora os aclaro por qué. Otras, pues son chicas, simplemente se han quedado flipando por el contenido en sí y de como me expreso ahí correctamente, sin apenas faltas de ortografía (alguna cae, pero la mayoría son adrede, cuando empleo lenguaje coloquial o cuando digo palabrotas…) y ya cuando se han puesto puntillistas, cosa que me ha hecho ilusión, pues eso denota que mostraban interés, me han dicho que me he dejado detalles de los que ahora no caigo jejeje. Pero vamos, quería lectores y los tengo, espero que, estos sí, sean asiduos, pues ya que soy de los pocos freaks que prefieren los blogs a las redes sociales, por lo menos tener alguna trascendencia mediática. Algo que les ha hecho gracia y les ha extrañado a todos es el hecho de querer que mi blog se convierta en una página más currada, pues en apariencia (y razón no les falta), no tiene ningún sentido ese propósito. Como les he dicho, el tema es darle sentido a esa trascendencia mediática. Es fácil no tener una pizca de fe en mi, sobre todo si se me conoce de haber hecho la instrucción militar conmigo (Qué raro suena eso ¿eh? “de haber hecho la instrucción militar conmigo”, la virgen, por un momento parece que me hubiera alistado por vocación) Pero, eso me lleva a hablar de dos temas. El primero es que, el efecto que se supone que la mili iba a tener en mí no ha sido tal, pues el hecho de haber perdido los estribos conmigo mismo me ha llevado al punto de partida, a ser tan gilipollas como al principio, a depender emocionalmente de los demás en demasía, porque, al principio, bien, pero cuando me limito a hacer lo que tengo que hacer y el resto del tiempo quiero evadirme, pues se pone en evidencia lo que dije en mi entrada anterior, que sigo siendo el mismo, pero para mal. Yo me he labrado mi reputación ahí dentro, yo he sido, involuntariamente el que he conseguido que no me tomen en serio. Por mi actitud, por cómo soy… Claro que no tengo que sentirme mal ni avergonzado ni leches en vinagre, pero sí que queda de relieve en cosas tales como que trabajar bajo presión, por poquita que sea, soy un jodido desastre y eso deriva en que siempre dejo las cosas a medias o las hago mal. Y yo siempre escudándome en que la prisa va a dejar de ser un problema cuando esté en mi unidad. Y para colmo, por H o por B, tengo Potra y no se toma conmigo las medidas oportunas cuando mis fallos son gordos, como por ejemplo, cuando me dejé el fusil apoyado en el aljibe y “solo” me tocó subir corriendo al cerro del pino. Claro, que, habiendo comentado cosas tales como que tengo un tío capitán, muchos se creen que tengo enchufe o algo parecido, y a muchos les da rabia que pueda tener un trato especial, sea por la razón que sea.

Pues bien, a donde quiero llegar es que, si mi estado anímico es producto de mi carácter y de la risión que muchos puedan sentir por mí, si al menos me queda alguna jodida vía de escape, quiero aprovecharla, pero es que ni con esas. Recurro al móvil y todo Cristo se ha puesto de acuerdo en estar ilocalizable, sobre todo algunas chicas. Recurro al messenger, y como ya mucha gente lo ha desplazado en pro del maldito Tuenti y del maldito Facebook  pues tampoco hay manera y recurro a mis motivaciones hasta ahora falsas sobre viajar y sobre los caprichos materiales, mientras tanto, sigo siendo el mismo gilipollas que no sabe contestar a las vaciladas y el mismo desganado con horchata en las venas que solo sabe recurrir a la ignorancia para que le dejen en paz, de ahí la impresión triste que produce el blog.

El otro tema del que quería hablar, más optimista, por suerte, es que el jueves me tocó de cabo de cuartel con los de la tercera compañía, que acaban de llegar esta semana. Y ¿qué pasaba? Que dado lo torpe que soy y lo nervioso que me pongo en según qué tipo de situaciones, parece que todo el mundo en la cuarta compañía estaba deseando que la cagase para ser testigos de ello. Y yo, la verdad, estaba acojonado de poder darles ese gustazo, pero, pese a que formábamos a horas y en sitios distintos, lo único por lo que titubeé un poco es porque, al darme novedades por la mañana, al calcular por el papel cuántos eran en la compañía, los nervios me impedían hacer bien el cálculo de cabeza y menos mal que saqué el móvil antes de que viniese el sargento primero Mora, que si no…

Pues bien, el resto del día, yo no tenía ganas de pagar mi estado de ánimo con los nuevos, que bastante desorientados andaban ya, y bastante bien se desenvuelven, pese a ello. Después de la formación para lista de ordenanza, el sargento primero les mandó a limpiar las camaretas en cinco minutos supuestamente, aunque les dio más. Es curioso comprobar, ahora que podía, como desde dentro, hasta los mandos son permisivos y hasta se puede decir que benévolos cuando siendo aspirantes a alumnos no nos damos ni cuenta. Yo no me comí ni una sola bronca suya y eso que me llamó unas cuantas veces, la primera de ellas para ordenar unas listas de alumnos, por pelotones. Dichas listas eran fichas rellenadas por ellos mismos en las que había además de sus datos personales y ciertas señas de contacto, un pequeño cuestionario personal para conocer mejor a cada uno de ellos, cotilleé unas pocas y me hizo gracia como en el apartado de las aficiones, de todos los que cotilleé, al menos el 98% son aficionados como mínimo, al futbol, luego, otros hicieron gala de una sinceridad brutal, y en ese sentido no me parecieron distintos de cualquiera que pudiera haber en la cuarta compañía y, aunque eran menos, era curioso comprobar como ponían en lo primero de la lista el sexo o la Playstation 3 (ninguno puso la Xbox 360, curioso) pero me pregunto si, de haber empezado la instrucción con ellos, me hubiese sido posible llevarme tan bien, o era la supuesta experiencia la que hacía que me tuvieran respeto.

Yo les pedía lo que a mí me había ordenado el sargento primero Mora y salvo un rato que se me despendolaron, luego ahí estaban todos en el aula de la nave 32.

Por lo general les causé muy buena impresión y todas las veces que me cruzaba con ellos me saludaban.

Y, ajeno a mí, esa misma tarde, creo que algún descerebrado tiró una percha a los de seguridad desde las camaretas, razón por la que les tuvieron haciendo una batida por medio cuartel hasta casi las dos de la mañana. Ya al día siguiente, pues os podéis imaginar, acto de despedida, maletas gigantescas…

Quería centrarme por último en una tesitura que me ha tenido en jaque toda la semana y por la cual he llegado a casi no poder conciliar el sueño. Mi madre y mi padre me dejaron en total 11 € para poder volver a Madrid pues estaba pelao de pasta, por culpa de mis irresponsabilidades, claro, pero es que más irresponsable aun fui de, cuando salí con Rubén el lunes, accedí a cenar con él fuera de la Academia un bocata cada uno, y una turbo ración de alitas para los dos. Y claro, esta semana he “sobrevivido” de coña, pidiendo a los demás que me pasen saldo al móvil para poder estar localizable, mirando a ver quien me podía llevar a Madrid así fuese apretujao en los asientos de atrás… Nervioso y ansioso porque no tenia cuando hablar por teléfono con mis amigos debido a que, si uno no tiene saldo, no hay mucha gente dispuesta a gastárselo en llamar. Incluso una noche que dormí con el móvil esperando una llamada de Nioka, lo empujé mientras dormía y se cayó a la de abajo. Como no sería que, a causa de eso, me desvelé a las 4 y 20 de la mañana y, creyendo que el móvil se me había perdido ya para siempre, me costó volver a conciliar el sueño una barbaridad.

Así que antes de ayer, viernes, no estaba tan eufórico ni tan emocionado como cabía esperar, primero por el cansancio acumulado, fruto del insomnio y este, de la ansiedad. Y segundo porque por fin me he quitado de encima a ciertas moscas cojoneras. Ahora, jamás me ha tranquilizado tanto poder estar seguro de que todo aquello que me motivaba, por fin va a ser cierto y han tenido que pasar 25 años para que le eche tanta fuerza de voluntad. No puedo negar que no he estado a la altura de las circunstancias, pero me doy por satisfecho por lo conseguido en estos tres meses, quiero decir, a mí me sirve. Aun me queda mucho por aprender, por supuesto, y la suerte es que estoy en manos de los mejores maestros en ese sentido. Espero que no haber salido de las faldas de mi madre hasta ahora y no tener tanta calle como cabe esperar de mi, no sea un impedimento para que en estos dos años, periodo más que suficiente, recupere el tiempo perdido.

Respecto a mis caprichos, a mis ambiciones… Cuando cobre, que será a más tardar, el martes, me via comprar una turbo PSP que no se la salta un gitano, acompañada de unos buenos auriculares y una tarjeta de memoria de la ostia. Así tengo con lo que escuchar música, jugar en los ratos muertos, navegar si hay donde cholar el wifi, y hacer fotos con la camarita que compré por el eBay, a ver si es verdad que funciona… Por lo demás, esta semana voy a tenerla (Potra mediante) repleta de planes. Por lo pronto ya he quedado el lunes, el viernes y el sábado (me iré a Zaragoza el domingo, apuraré el tiempo en Madrid todo lo que pueda) y aun me quedan unas tres o cuatro personas más con las que quedar.

Esto es todo por el momento, yo me retiro a apagar el ordenador que bastante larga ha sido la sesión de este fin de semana, solo me queda recargar el móvil y liarla parda. En fin chavatars, que la Potra os acompañe. Ciao.

domingo, 19 de abril de 2009

Un escalón por encima

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Entre mi madre y mis amigos, aun consiguen hacerme abrir más los ojos aun. Con razón estaba yo ansioso, alterado e insoportable. He tenido que fundir la poca pasta que me quedaba en llamar por teléfono y en conectarme con aquellas personas, sobre todo chicas, con las que por hache o por be no he podido tener mucho contacto en estos tres meses. Había muchas razones, el ir con prisa a todos lados, el compartir habitación con 97 personas, el no tener ese tan ansiado dinero, ese tiempo libre. Pero ahí es donde entra la parte peligrosa. Con lo caro que vale conectarse desde la cantina me he abstenido de conectarme todo lo que he podido de conectarme desde dentro. Así pasa que luego me desepechaba llamando desde casa, conectándome a internet los fines de semana. Pero estas dos últimas semanas no he podido más. Demasiado tiempo sin tener contacto con ciertas amigas, demasiado tiempo sin tener a quien contar un día a día que, si no se comparte, se hace más duro aun de lo que ya es. Y claro, ahora pretendía paliar todos esos nervios, de golpe, con un móvil de contrato, por aquello de no tener que esperar más tiempo a pillarme uno libre y más caro y así, de paso tener con qué conectarme a internet.

En otras circunstancias, pase, pero en este preciso momento, es lo que menos me conviene, y más con tanta ansiedad que paliar. Pues despecharme gastando dinero es lo peor que puedo hacer. Administrarme es lo que me hace falta. Para vosotros no es nuevo, pero para mí es necesario recordármelo en voz alta cada vez que me entren las ganas de ser impulsivo por despecho.

Solo llevo tres mese en el ejército, por largo que se me haya hecho, y por mucho que algunos ya noten cambios en mí. Ojo, mi autoestima sigue como siempre, pero por eso precísamente tengo ganas de ir a más y como aun no puedo, pues…

El otro día el Pater nos dio una charla y en dicha charla comprendí (lejos de hacerle peloteo ni a él ni a su sermón, pues poco tiene que ver con el sentido didáctico que él le haya querido ver, sino por darle sentido a muchas cosas de la instruccion en sí) el porqué de muchas de las cosas que han sucedido estos tres meses. Me dí cuenta de que cosas que se me antojaban naturales y gratuitas, en el transcurso de los días, no lo eran, y que habían sucedido por razones que hasta ese momento se me escapaban.

Sigo siendo el mismo, qué leches, y cada vez tengo a más gente espectante con mis progresos. Cada vez me es más difícil ocultar que me gusta ser el centro de atención. Es por eso que comparto mis inquietudes con quienes puedo, lo bueno es cuando esas personas, además, empatizan conmigo. Pues cuantas más personas estén pendientes a mi causa, más sentido le darán a lo que logre, de ahí que quiera compartir mis logros con ellos.

Lo bueno es que cada vez que mi madre y mis amigos me abren los ojos, cada vez que desvelo una capa más profunda de mí mismo, más capaz me siento de emprender lo que haga falta. Claro que he sobrevalorado la recompensa por estos tres meses de esfuerzo, quiero decir, la inmediata. La recompensa es la gente en sí, la conocida y la nueva. No es peloteo ni lo pretendo.

Hace unos meses cuando me alisté lo hice para que cambiaran en mi lo que no era capaz de cambiar por mí mismo. Solo espero que sirva para algo, el resto os lo sabéis de sobra. Que la Potra os acompañe. Ciao

lunes, 6 de abril de 2009

Imagina

Es gracioso, poca gente habrá reparado en que hace tiempo que las cadenas ya no son tan frecuentes en la bandeja de correo electrónico de la gente, ¿por qué? Porque ahora han cambiado de ubicación, han encontrado su sitio perfecto en Tuenti y en Facebook. Ahora ya no hace falta recibir correos chorras con cuestionaros de 90 preguntas que tienes que copiar y pegar cambiando las respuestas, ahora ya se han convertido en apps, widgets, o como carajo quiera que se llamen en los que, ahora uno, tiene que estar pendiente, manda huevos, de qué cuestionarios chorras se cuecen por ahí para responder a las preguntas. O quien te ha agregado en la foto en la que sale de todo menos tu cara, solo por el hecho de llamar la atención. Bruno ya me iluminó en su momento al decirme que aplicación de internet que se popularizaba entre las “conejas”, aplicación que acababa por pervertirse. Puedo poner como ejemplos el Messenger, que ahora está lleno de emoticonos, guiños, fondos de pantalla y demás florituras para llenarlo de colorines, aunque siempre hay quien hace buen uso de eso. Luego ha habido productos destinados a triunfar entre ellas como Los Sims o Habbo Hotel (los MMORPG’s no los menciono porque, por suerte, aun son serios, aunque haya muchas féminas que jueguen) y ahora les ha tocado el turno a las redes sociales mencionandas anteriormente. Dos años atrás, oía hablar en el ya extinto videoblog de Mobuzz TV de Facebook y de Twitter y se me antojaba que dicha clase de páginas web hablaban otro idioma incluso para mí, obsesionado con toda esa clase de novedades. Maldita la hora en la que las chicas descubrieron el Tuenti primero (dado que fue la primera red social en castellano que se popularizó por estos lares) y el Facebook después. Ya han marginado el Messenger, el Skype, las webs de intercambios de fotos (badoo, sexy o no, y demás soplapolleces pa ver las fotos de la fiesta de anoche) y los espacios de Windows Live, donde había verdaderas freakys haciendo fotomontajes y personalizando sus espacios con gifs animados y con música de Chayanne, Andy y Lucas y La Húngara. Ahora,  todo lo que se cuece, desde lo más serio hasta lo más absurdo, se cuece ahí.

Años atrás, yo era el freaky incomprendido que usaba internet como medio para socializarme cuando mi autoestima me impedía desenvolverme cara a cara. Pero más gracioso aun si cabe es que todos los que ahora usan toda esa mierda aparentan tener una vida de puta madre con todas las necesidades cubiertas (gente de la que tiempo atrás hubiera sentido envidia, por todo aquello que desconocía), pero nada más lejos. Ejemplo de ello es de como muchos mitos de barrio (aun sigo hablando de tías) han ido cayendo uno tras otro tras comprobar como en todos lados cuecen habas y que cosas como “el autoestima” o “saber lo que se quiere”, sorprendentemente, no están al alcance de tanta gente, sobre todo porque la extensa mayoría jamás se han hecho esas preguntas y les ha ido bien. Más ciegos son los que aun quieren creer que les va bien cuando, teniendo cerca las orejas del lobo, siguen sin plantearse qué coño quieren. Bien está que cuando tienes las hormonas como un palomitero quieras ser el más cool del instituto. Pero el tiempo no pasa en balde, y querer, con 23, 24 años, ser el más cool de la Academia de Infantería me parece un tanto inmaduro. Ojo, no estoy criticando los gustos de nadie, estoy criticando la actitud de ciertas personas hacia mí. Gente que se obceca en no querer conocerme y, por tanto, en no querer tomarme en serio. Lo que no me parece ni medio normal es que, sin querer conocerme, sí quieran juzgarme. Por poner un ejemplo, pongo el de que me quiero comprar mazo de gadgets de bolsillo, entre ellos, un Ipod Touch. ¿Para qué leches quiero un reproductor MP3 con pantalla táctil? Las razones por las que quiero tener tantos (4 en concreto) son meramente caprichosas y ahí no voy a justificar nada, simplemente quiero la PSP 3000, la Nintendo DSi, el Ipod Touch de 32 gb y el Nokia N97, cada cual con sus usos y sus aplicaciones comunes y distintas, pero, joder, cuando a mucha gente le sobraría con un MP4 de 90 € del Media Markt, yo quiero artefactos de ese calibre por una razón de peso. Volvemos al ejemplo de las redes sociales. La web 2.0 se ha ganado esa nomenclatura por méritos propios, se genera mogollón de contenido a diario, a una velocidad tal que es difícil controlar, censurar o lo que sea, toda esa información. Y claro, se genera contenido chorra, que es en el que todo Cristo centra su atención, y se generan noticias, podcasts de programas de radio o que se publican exclusivamente para internet. Hay mogollón de widgets y aplicaciones solo para ese cacharro que sirven para tener conexión con las emisoras de RTVE o Last FM. Pero algo que la mayoría desconoce, porque ni se ha esforzado en averiguarlo es que, personalizar una emisora de radio online con tus gustos musicales, tambien sirve, por ejemplo, para conocer a gente con gustos similares a ti. Y coño, anda que no mola tener en la memoria del Ipod programas de radio para poder escuchar en diferido, programas que de otra manera me perdería por cojones. Eso aparte de navegar, jugar y toda la parafernalia que ofrecen todos esos aparatos multimedia de bolsillo que tanto ansío tener.

Claro, el ladrón se cree que todos son de su misma condición y, dado que hay gilipollas que no me toman en serio (gente con más calle que yo, lo cual no me da envidia ni de lejos) se creen que la solución a mis problemas, es la misma que ellos necesitarían para evadirse de la estúpida realidad que ellos mismos se han creado. “Sí, sí, tu lo que tienes que hacer es follar, emborracharte y colocarte”, premio Nobel de la concordia 2009, ejem. Atajo de gilipollas todos, no soporto ese falso narcisismo ciego.

Falta poco, lo sé, y en ese sentido estoy ansioso, agresivo y me atrevo a decir que hasta insoportable y no es para menos, aguantando a toda esa chusma (por siempre, en estos casos, siempre hay excepciones) 5 días a la semana y durmiendo con ellos… En fin, siempre me atengo a mis motivaciones, y en ellas me refugio cada fin de semana que vengo a escribir, a quedar con aquella gente que, dos meses y medio después, sigue estando ahí.

Lo bueno de una situación nueva y, en apariencia, hostil, es que fuerza mi adaptación y mi supervivencia y eso garantiza mi éxito, porque siempre que le he echado ganas, me he dado cuenta de lo que soy capaz y ahora más que nunca, claro. Voy a tener mucho tiempo libre, durante el cual, quiero tener una guindilla en el culo para no parar quieto. Ya conocéis mis planes de tanto repetirlos, y recordármelo a mí mismo me sirve para seguir adelante. No es nuevo que siga dependiendo de los condicionantes, lo que sí que lo es, es que los condicionantes esta vez son reales.

Bastante me ha costado llegar hasta donde estoy como para que ningún gilipollas ose siquiera intentar aguarme la fiesta. Puedo presumir con orgullo de saber lo que quiero y de que esta vez, ni yo mismo seré un impedimento para conseguirlo. Que la Potra os acompañe. Ciao.