sábado, 20 de febrero de 2010

VHS

Menos mal que me he acordado de lo que estaba charlando con la almohada antes de caer en el coma aquel que decía un anuncio que me gustaba mucho. Resulta que me he dado cuenta de por qué me estoy convirtiendo en un jodido nostálgico. Anoche, Campos escuchaba la radio y estaba sonando la canción “Cuídate” de La Oreja de Van Gogh. Ese álbum, me lo compré en su momento en forma de cinta, y claro, la cinta como tal, por comodidad más que nada, implicaba dejarla puesta y que sonase. Luego ya si tu pletina de casete era autorreversible, eso ya era la hostia. Ahora, obviamente, puedes escuchar la pista o la canción MP3 que te salga de los cojones, una de las razones artífices de que la música comercial haya ido cada vez más a peor. Lo que es paradójico es que los operadores de internet presuman de ancho de banda de la hostia para bajarte películas y canciones, o que los iPod o móviles con reproductor multimedia integrado se vendan como churros y sin embargo el gobierno saque un jodido proyecto de ley de cerrar páginas web de descargas de ese tipo de contenido, eso además de que la SGAE penaliza con un canon la compra de todo lo que soporte ese tipo de contenido. Leñe, bien es verdad que de gastarte 18 € por la banda sonora de la peli Star Trek a gastarte cero, mola más hacerlo gratis y que eso es dinero que la Paramount deja de ganar, también. Pero ¿de qué otro modo conoceríamos música de a tomar por saco del culo del mundo?

Retrocedamos por un momento a la tele analógica, a la etapa temprana de los cd’s, a los discos de vinilo, a las cintas de casete, a los vhs… ¿Qué tienen en común todos esos soportes? Que te lo tenías que tragar como venía. Por eso a la tele se le llamaba caja tonta (y al serlo, se curraban más los programas: qué apostamos, la noche de los castillos, un dos tres; ojo, la temporada de Jordi Estadella…), por eso los videojuegos de aquella epoca nada más que gustaban a un pequeño reducto de freakys socialmente inaceptados, por eso el padre responsable (con cuyo único sueldo aportado a la familia se vivía de puta madre) en un viaje largo con el coche se emocionaba de poner tal o cual cinta que su vecino le acababa de grabar (antes los iPods se llamaban Walkmans y no había manteros en la calle Preciados sino gitanos vendiendo albumes copiados en cintas TDK de 120 microfaradios en los rastros de los pueblos. Y la SGAE no cobraba canones por los radiocassettes con doble pletina ni por las susodichas cintas). Cosa que ahora que tienes más donde elegir en la tele, y que el acceso a lo que te gusta es más inmediato, el 80% de la cultura audiovisual que se genera es un montón de mierda. Ojo, yo las pelis que me gustan me las compro originales porque mola tenerlas en alta definición y porque mola curiosear los extras.

Me di cuenta anoche también de que la década del 2000 me he perdido muchas más cosas. Quiero decir, sé lo que se cocía, pero al haber vivido ciertas cosas al margen, no me han afectado del mismo modo. Había por ejemplo, ciertas frases del Crónicas Marcianas que he tardado años en conocer su origen. A mí se me quedaba cara de gilipollas cuando trataban de hacerme gracia con ellas y no saber a qué venían. Lo de salir de fiesta, lo de no emocionarme con canciones como “el tema de Blade” o Space Melody, lo de no soportar a los críos pegando berridos en los ciber mientras jugaban al “Fecalstrike” (germen de que los juegos con argumento no le gusten a casi nadie ya), lo de odiar el tunning… Venía dado porque la gente que tenía esa clase de aficiones era la que me miraba a mí por encima del hombro, o peor, me ninguneaba. Todos somos el producto de nuestras vivencias. Tengo mal recuerdo de aquellas putas mañanas que, yendo en el autobús al instituto, me tenia que tragar el gitaneo malo de los grupos clónicos de Camela que mis compis del pueblo con el índice de drogadicción más alto de la Comunidad de Madrid, le decían al conductor del autobús que pusiera. Más luego lo nervioso que me ponía el instituto de por sí.

Me ha costado años enterrar esos prejuicios, pero ahora estoy viviendo una nueva era de gloria en ese sentido. Vamos, hay muchas consecuencias de trabajar donde estoy que ni sospechaba de no haber tomado esta decisión. Quería compartir este pensamiento con vosotros. ¿Para eso está el blog, no? Por cierto, he encontrado un dial en el que Radio 3 por fin se escucha en mi “brick de nata”.

En fin, que os dejo, que tengo cosillas que hacer por aquí. Que la Potra os acompañe. Ciao.

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