jueves, 29 de julio de 2010

Otoño antes de tiempo

Me encantan estos días, aun en julio, con viento racheado como ahora, con cierto olor a húmedo, con visionado en la habitación de pelis entrañables que me recuerdan a épocas del año en las que lo más idílico que se le pasa a uno por la cabeza es disfrutar de todo eso con las zapatillas de andar por casa y la mantita esa que regalan con la revista o con los cereales (y ojalá fuese además en buena compañía, pero eso de momento es mucho pedir). Tengo, como no podía ser de otro modo, la sensación anticipada de que este otoño va a ser entrañable como pocos, y ya no entro en temas de impaciencia ni mierdas, sino como tal, tengo una absurda pero a la vez aplastante intuición de que esas tres horas diarias que voy a pasar ahí de lunes a viernes, lejos de ser soporíferas, van a ser un estímulo diario más. Que cada día voy a estar deseando acabar el trabajo para empezar un nuevo día de clase y que me enseñen una cosa más de esas que tengo ganas de saber para tener algo con lo que sentirme más realizado, además me juego el cuello y no lo pierdo a que va a haber buen ambiente, me atrevo a decir que el mismo buen ambiente que había en la Escuela Taller al principio (quien no sepa de qué hablo que me pregunte en los comentarios). No sé hijos míos, no siempre uno que tenga ganas de escribir aquí tiene que ser para contar su vida en verso jejeje. Nada más, creo que estoy en racha. Que la Potra os acompañe. Ciao.

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