lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Y cuándo empiezas el curso?

No se me olvidará jamás, le pese a quien le pese, las sensaciones que viví en las horas previas a mi escapada a Barcelona. Aquella eterna llamada de 20 minutos disculpándome por no poder ir a Barcelona, la posterior llamada a Bruno y él aconsejándome que me escapase. Los minutos posteriores en el viaje de vuelta mentalizándome de la locura que estaba a punto de acometer, esa mentalización definitiva mientras me duchaba y ese estatus tan firme y seguro de lo que estaba haciendo que por poco me cuesta disimular la locura más gorda que iba a cometer en mi vida y que aun lo sigue siendo.

Perdón a quien haya podido incomodar rememorando esto, pero, entonces y ahora, tengo en la cabeza sensaciones similares, solo que a la vez contrarias. En casi todo el verano, la mayoría de las entradas que he escrito iban sobre esta mierda, y sin embargo ahora como mecanismo de defensa para no obsesionarme, es como si se me hubiese olvidado del proyecto de tal envergadura que me traigo entre manos. Me he centrado en el trabajo (que bastante tengo con cierta broma piadosa a la par que pesada que me gastaron por ahí) y de momento estoy bien.

Sé que suena a tópico, pero, cuántas cosas me gustaría que fuesen distintas ahora… No hubiera podido suceder de otro modo, lo sé, solo si me llamase Marty McFly y tuviese un DeLorean empastillao hubiese podido acudir al año 2000 a avisarle a David Arroyo (a mí, al ciclista y al redactor de la Marca Motor, se la trae al pairo todo esto) de todo lo que sus decisiones impulsivas y poco prácticas iban a depararle. Y aquí me veo un domingo por la mañana en que he preferido dormir a ver el Palacio de Aljafería (y mi compañero aun debe seguir dormido porque ni siquiera me ha llamado) desde la habitación de un cuartel escribiendo en el blog con una conexión de internet móvil.

Estamos a lunes (ayer al final lo dejé a medias) y ayer mi compañero se tiró durmiendo hasta las 7 de la tarde así que no hice el mal a nadie. No sé, me decía una amiga hace un rato en el messenger que soy muy joven como para haber desperdiciado el tiempo, pero no podré perdonarme si no consigo desfacer este entuerto y me queda todavía mucho camino como para estar seguro de que esté preparado. Lo único que sé seguro es que me voy a eliminar la palabra “tarde” de mi diccionario, y que mi enésimo intento de llevar mis sueños a cabo, no va a ser en vano, más que nada porque, bastantes tropiezos después, por fin sé lo que quiero le pese a quien le pese. Y no transijo que ni Dios lo ponga en duda. Sé que he sentado precedentes, pero a diferencia de entonces no tengo a nadie a quien rendir cuentas salvo a mí mismo, y bastantes tengo pendientes ya, como para permitirme el lujo de volver a fallarme a mí mismo.

Al carajo, esto va a salir bien porque sé lo que hay, porque no pienso permitirme un solo fracaso más, porque yo lo valgo y porque tengo una ilusión que cumplir. Que la Potra os acompañe. Ciao.

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