sábado, 23 de enero de 2010

Cambio de estrategia

Me he tirado todo un año expuesto a tentaciones que se han visto consumadas. Todo ese año he intentado proponerme objetivos serios sin éxito. Yo mismo sabía que las tentaciones iban a vencer. Es más, dejaban de serlo en el momento en que les daba prioridad. Y llevaba tiempo fraguando lo que iban a ser mis intenciones para este año. Me veía en un serio conflicto de prioridades: lo que quiero vs lo que debo. Parece sencillo de no ser por lo que pesa más. Lo tenía a huevo, trenes baratos, ausencia de responsabilidades, carnet de alberguista, además del conocimiento de otras tantas redes de albergues por todo el mundo, pero a eso se han sumado alicientes nuevos. Ando yo más quemado que la moto de un hippie sobre todo con las chicas, espero que alguna se dé por aludida, pues yo he clasificado la gente que conozco en tres grupos: gente que, además de no fallarme, me entiende de puta madre, gente que me cae de puta madre pero que me coge el teléfono 5 veces al año (tías todas ellas), y por último gente que no me falla, pero que son pa echarles de comer aparte, porque le tengo que echar más paciencia a esas personas que ellas a mí y ya me he cansado de sentir ansiedad porque fulanita o menganita no me cogen el teléfono, de quedar con gente con la única intención de rellenar el tiempo muerto porque no tengo nadie más con quien quedar. Hay un hecho, dos palabras mágicas que mencionadas en un orden determinado, producen en mí el efecto contrario de lo que se pretende y son: “tienes que” seguido de lo que te dé la gana. Basta decirme, por ejemplo “tienes que sacarte el carnet”, para que mi reacción sea de repulsión irracional a esa propuesta. Así que este año no tengo ninguna intención expresa de hacer algo que no sea por una razón que me ilusione. De esta manera, sí, ahorraré, pero no como objetivo, sino por omisión de gastos. Por eso elegiré los alojamientos más baratos posibles, y tampoco voy a abusar de mi libertad. Y lo de sacarme el carnet, pues lo mismo, no echo de menos lo suficiente un coche aun. No tengo razones suficientes para ello, pero estoy seguro de que este año las tendré, más que nada porque las cosas que quiero hacer este año necesitan libertad de desplazamientos (allá donde no llega el transporte público o el tiempo que se ahorra uno en ir a buscar a la novia, por ejemplo) y poder disponer de un maletero en el que poder guardar más cosas que en un viaje en tren.

Las ganas de soltar el “mecagüen Dios” que tengo encima, de conocer gente nueva, y, en definitiva, de emociones fuertes, pesan muchísimo, demasiado como para obviarlas, y tener que ordenar mis prioridades de otra manera que no sea hacer lo que quiera me supondría bloquearme y no hacer ni una cosa, ni otra, y como ya he pasado por eso antes, no me sale la punta la polla volver a pasar ese trance.

Lo que me convenció fue una frase que me dijo mi capitán a cuento de otra cosa, era que “siempre habrá alguien a quien desagrade lo que haga” porque ahí residía mi hándicap. Yo creía que le iba a fallar a mucha gente, pero mira por donde, todas esas personas, lo aprueban, máxime al quitarme el peso de encima de contárselo a mi madre, y que no se ponga a la defensiva como tantas otras veces a hecho con locuras mías que se me pasaban por la cabeza.

Este mes que viene, voy a comprar el material de acampada que pueda. Y ya tengo dos destinos al extranjero en el punto de mira: Lisboa y Londres, que, dicho sea de paso, fueron dos destinos del viaje de fin de curso del colegio privado en el que estuve y a los que no pude ir por la pasta. No sé si lo sabíais, pero tengo la espinita clavada con los puñeteros viajes esos, porque, por distintas vicisitudes, he hecho menos de los que quisiera, y no han sido pocos, pero aun así. Después de salir del colegio privado, hice uno más, a Mallorca y no disfruté todo lo que a mí me hubiese gustado, porque no encajaba dentro del grueso de adolescentes etílicos de un pueblo de 7000 habitantes. Y después, en el instituto en el que estudié en San Martín de Valdeiglesias, los que hacían viaje de fin de curso eran los de bachillerato. Pero cuando llego a Rivas se da la puta circunstancia de que eran los de la ESO los que hacían viajes de fin de curso. Otra cosa que pienso hacer es ir a más de un puñetero parque temático, primero, porque a Port Aventura ha ido hasta el Tato, menos yo. Coño, se propuso como destino de viaje de fin de curso en el colegio privado Port Aventura, pero todos los joputas niños pijos de urbanizaciones de pasta, la madre que los parió a todos, ya habían ido y me quedé sin una buena oportunidad. Luego ha ido to perro quisqui, hasta mi madre como monitora de tiempo libre con otro viaje de fin de curso, con los del colegio en el que yo estaba, estando yo ya en el instituto. Lo de los deportes de riesgo, es opcional, pero me molaría tirarme en paracaidas o hacer puenting. Y por último pienso viajar como un hijoputa, porque sí y porque desde que sé que existen los albergues y eso sumado a que tengo descuento en la Renfe, que no sé cuanto más me va a durar, porque aunque mis intenciones son renovar dos añitos más, no cuento con ello por si acaso.

Aunque los medios sean fines de por sí, hay otro fin más, previsible en mí. Quiero conocer chicas de todos los colores, quiero probar todo lo que pueda, putas incluidas, pero no por desesperación, ojo, sino para que dentro de 10 años cuando tenga familia estable, no mire con cara de deseo a esa que pasa por la calle y/o me arrepienta de las cosas que me quedé con ganas de hacer en el pasado, y ya no voy a tener oportunidad de hacerlas, digo esto para curarme de espanto, porque muchos lo llamarían “rebajar la dignidad”. Estoy necesitado eso si, de cariño como el que más, pero como le digo a todo el mundo, no confío en mi suerte. Y dado que no confío, no pienso estarme de brazos cruzados mientras tanto. Ya lo he hecho durante 26 años, y ahora que es la vez que más claro tengo en mi miserable vida lo que quiero a corto plazo, voy a ejecutarlo le pique a quien le pique, que tengo la tranquilidad de que no es a mucha gente, y aunque así fuese, me daría igual. Si lo aceptan mi madre y mis amigos, no hay ninguna opinión más que pueda afectarme. Sin que sirva de precedente, he hecho una limpieza de contactos y de setenta y largos, me he quedado con 29 y pese a que me siguen sobrando, seré consecuente con esas personas restantes hasta que pase el tiempo suficiente como para que eliminarles no sea un gesto muy feo por mi parte. Es más, lo que le he dicho a todo Cristo, todos los planes que he mencionado los voy a hacer solo en caso de que nadie se apunte, pero si se apuntan no voy a decir que no a nadie. En fin, chavatars. Lo de no proponerme objetivos serios incluye tambien las actividades online, así que no pienso disculparme más veces si no posteo en el blog con asiduidad. Que conste que esto lo hago porque quiero, y tampoco dudo que las ganas de postear serán directamente proporcionales a las cosas que viva en lo que queda de año, que acaba de empezar. Que la Potra os acompañe. Ciao