sábado, 17 de abril de 2010

La capa más profunda

Tanto tiempo hablando de pereza, de excusarme, de que si este es mi defecto, de que si lo es este otro… Que va, y manda huevos que tenga que convencerme una psicóloga de lo que lleváis todos, años, hablándome: la constancia. Claro que como soy así de hedonista, no veía más allá de mis miserables narices. No es que las cosas sean necesarias en sí, como por ejemplo, mantenerme en forma o sacarme el carnet, no es que para mí éste trabajo no sea vocacional, no, era tener un poquitín más de vista en perspectiva. Quiero pagarme los estudios, ¿no? Y da la casualidad de que el trabajo en el que estoy exige de mi que cumpla unos mínimos para que el trabajo me lo corresponda con renovaciones y cosas por el estilo, y eso es por suerte o por desgracia lo que necesito para pagármelos. Me acuerdo ahora de las palabras de Bruno cuando se reía al decirme que no había conocido a nadie que se metiese a militar para ser director de cine. Qué guasa, sí, pero es lo que hay. Por una parte ya iba siendo hora de que empezase a coger al toro por los cuernos, pero la verdad que cuesta arrancar. Lo bueno es que, estando atareado por las tardes, el rato de conectarse al messenger y hablar con todo el mundo supone más gratificante, porque ya tendré los deberes hechos. Vengo cargando con esa pereza desde que tengo uso de razón, me esforzaba más que lo justo para aprobar en clase. Y cuesta cambiar 26 años de conducta así, no digo que no. Otra cosa que tengo que quitarme de encima es el messenger y el móvil de las necesidades básicas para centrarme en lo que de verdad importa. Quizá por eso me he perdido muy buenos ratos, muy buenos fines de semana en compañía y muchas anécdotas que, de haberse fotografiado, ahora formarían álbumes en alguna red social. En fin, no tengo más que contar, que me seguirá gustando la electrónica de consumo, que sigo ansioso porque lleve el mes que viene, pero que no pienso perderme por mi culpa además, los buenos momentos que la vida está por depararme. Que la Potra os acompañe. Ciao.

domingo, 11 de abril de 2010

Redención

Inmejorable mañana de domingo, me acosté relativamente pronto anoche y a estas horas estoy despejado, ha salido el sol con ganas hoy y yo tengo unas ganas locas de escribir, aprovechando que las ocho y media de la mañana estando yo despejado, es la mejor hora del día para menesteres como este. A continuación me encantaría remitiros a mis lectores a un fragmento de conversación que he tenido con una amiga del Messenger esta semana:

Hemos sentido envidia de las parejitas acarameladas en el parque, hemos sentido rabia de las amigas (que nos molan) que nos hablan de los chicos que les molan, que quedan con nosotros de guindas a brevas incluso que nos los presentan cuando están saliendo con ellos, hemos estado de bajón porque todas nuestras amigas se ponían de acuerdo en estar ilocalizables a la vez, hemos sido sus jodidos paños de lágrimas cuando sus novios no las hacían caso, hemos sido testigos de como los tíos mediocres con inquietudes tan profundas como el reggaetón y el tunning se comen más roscas que nosotros. Hemos sido ninguneados, mirados por encima del hombro, hemos sido el amigo gay de nuestras amigas, las hemos visto probarse sujetadores delante de nuestras narices, sin derecho a ni un solo roce (no es del todo así, pero casi). Son muchos años de sufrimiento, de sequía sentimental y carnal, de observación concienzuda, de demasiado tiempo para pensar, de averiguar porqué las chicas se comportan como se comportan, de qué arquetipo de tíos les atraen y como se comportan ellos. Hemos ido de falsos, como cualquier baboso de estos que, sorprendentemente, se comen roscas, hemos ido de románticos para no parecernos a esos babosos y también hemos tirado para atrás a las chicas. Si alguna vez hemos atraído a una tía, es a alguna que es “pa” echarla de comer aparte, no a una chica que sea ella la que te llame, la que te haga sentir bien a ti, y todas esas cosas. Nos hemos pasado veranos enteros hablando por Messenger, por el teléfono y quedando en persona cagándonos en las "putas conejas". Hemos hecho locuras por las tías, sobre todo yo, hemos determinado que no valía ir de calzonazos pero tampoco de tipo duro, hemos descubierto con el paso del tiempo que atraer a una chica implica que no te preocupe en absoluto tener compañía sentimental o no, sino que ya tienes una vida social plena sin ello. Dime, ¿tenemos, o no tenemos derecho a permitirnos el lujo de echar una canita al aire en algún momento de nuestra vida?…

Hace más o menos tres semanas, trasteando en Badoo, como tantas otras veces, jugando al juego de encuentros, una chica de Guadalajara a quien dije que no me importaría conocer, (el juego es un tanto ver fotos y responder en base a eso) dijo que me quería conocer. No recuerdo bien las conversaciones que tuvimos, solo recuerdo, que, como tan pocas ocasiones, vi que tuve la suerte de atraer a esta chica y claro, mi fallo es que a nada que sienten atracción por mi, la correspondo. Empieza a decirme cosas que le gustaría hacer con un chico (lanzándome directas) y en muchas de esas cosas con ganas de hacer, pues coincidíamos los dos. La verdad, no tardé mucho en cogerla cariño (en estos casos, ya se sabe…) No se, yo estas cosas las veo como fallos, aunque fríamente caigo en la cuenta de que no son sino reacciones humanas y que como tales no cabe juzgarlas. Todas estas circunstancias para mi cojonudas, necesito que alguien con el poder de convicción suficiente en alguien tan desganado como yo, a base de motivarme, a la vez me meta caña. Otra cosa es que esa necesidad sea lícita. Bueno, pues así van pasando los días, esta chica dice que no se cansa de ver mis ojos y yo que me esfuerzo en que los piropos no se me suban a la cabeza… Estos días, gracias a la confianza que tengo con mi compañero de habitación, hacen que me acueste a las quinientas y tenga sueño al día siguiente con la consiguiente falta de rendimiento. Entonces, las circunstancias son que, insisto, aunque no debiera, necesito que alguien con la capacidad suficiente para motivarme diciendo que quiere hacer cosas con las que yo llevo años fantaseando con hacer con una mujer (cosas tan sencillas como las que se ven en las pelis de amor o en los programas de la tele, tales como pasar un día con una hipotética “ella” en el Parque de Atracciones por poner un ejemplo absurdo, por si acaso pensabais otras cosas, vaya), sea la persona idónea para meterme caña cuando la ocasión lo requiera. ¿Qué pasa, David, que tú solo no puedes?

Ya no hace falta que os repita por quincuagésimo novena vez lo que pienso hacer con mi tiempo libre lo que resta de año (a los nuevos lectores que sé que los hay, lo de viajar un huevo por España, por el extranjero, ir a festivales, eventos culturales y quizá algún parque temático, o sea, a la aventura) Y bueno, bien sabéis cual es el fin de todo eso: conocer gente, aunque viajar y conocer sitios, también sea un fin en sí mismo. Pero mientras hubiese quien contribuyera con mi causa de no gastar mucho en móvil o no (éste va a ser el primero, amen), me he tirado estos 4 meses con cara de “apollardao” desde que empezó el año y la cosa no había mejorado mucho desde que anuncie el dichoso cambio de estrategia que ni siquiera he empezado a perpetrar salvo para justificarme débilmente a mí mismo en todo ese tiempo. Así que, como cuando el Diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo, recurrir a las redes sociales de nuevo, pues ha sido mi improvisada panacea.

El caso es que el tonteo con esta chica de Guadalajara llegó a puntos donde más a gusto no me podía sentir. Aunque ya incluso cuando trataba de mostrarle mi bienestar emocional a esta chica, ella se acojonaba un poco al ver que yo iba demasiado deprisa. Pero eso a mí no me preocupaba, todas mis experiencias previas me dicen que todas las veces que he llegado al roce con una chica, luego me he seguido llevando bien con ellas a menos que yo no haya querido. Es el caso, por ejemplo, de una adolescente que yo me sé que su única relación conmigo era para pedirme que le recargase el móvil y que cada vez que le echaba una bronca por el morro que tenía se tiraba un mes y medio sin decirme nada, hasta que me pedía que le recargase el móvil de nuevo sin ni siquiera pedirme perdón, como si nada… Y como vi que no valía ninguna reprimenda con ella, la mandé el mensaje más basto que haya mandado a chica y a persona alguna jamás, a ver si así de daba por aludida. No es que se lo mereciese, pero debe ser una chica acostumbrada a que la pongan a caer de un burro y como yo la seguía el rollo…

Bueno, que todo estaba yendo muy deprisa, pero para mi el significado de “ir deprisa” es que va de puta madre. Conclusión sacada de mis teorías expuestas acerca de las chicas anteriormente en el blog, en concreto de aquella en la que digo que mi experiencia me ha enseñado que una chica sentencia el trato que te va a dar de por vida en base a la primera impresión que le hayas causado.

Y bueno, llega la hora de la verdad, lo aireo, lo hago público, con todo el orgullo del mundo de que me estoy relacionando con esa chica. Claro está, no antes de quedar con ella en su casa. La primera vez fue para ver la peli de Camino, pues conseguí picarle para que la viese. Esa noche, me di a mí mismo una lección: que por contra de lo que creía, sé desenvolverme en las distancias cortas, es decir, que en todo este tiempo de sequía, no he perdido la práctica. Si bien es verdad que estar acaramelado con una chica sale solo, creía que iba a estar mucho más nervioso y torpe. Pero no conté con la enorme suerte que iba a tener de que el roce pretendería llegar a su culmen así que no fui preparado. Y supuestamente el resto de la Semana Santa me lo iba a pasar quedando con el resto de la gente con quien me apetecía quedar ya que los veo cada vez que paso por Madrid, que es cada mes, al menos por ahora. Y volví a revivir una emoción que llevaba dos años y medio sin experimentar, la más bella sensación del mundo: despertar al lado de una chica.

Casi se me olvida decir que a costa de mi paupérrimo rendimiento, causa de acostarme tarde en mi ávida busca de compañía sentimental llegué tarde a formación varios días seguidos, lo cual fue motivo de arresto. Mi capitán, más benévolo no pudo ser conmigo, solo dos días y encima empezaban a contar desde esa misma mañana. Eran el lunes y el martes de Semana Santa (el miércoles nos lo daban festivo) así que el miércoles por fin partí para Madrid, no sin antes dejar todo recogido que llevaba bastante tiempo con mis pertenencias que parecían el aborto de un calamar dentro del armario. Y por eso no me cundió tanto el puente como pretendía.

Antes de seguir, no puedo pasar por alto que si la medida disciplinaria que se me impuso era porque no quedaba más cojones, vi a al “capi” involucrado emocionalmente conmigo, hasta el punto de que sin yo decirle nada, él ya suponía que la causa de mi falta de puntualidad no era adrede, de ahí que quisiese indagar en la causa del problema, pero sin inmiscuirse, dejando que fuese yo quien me soltase y le dije lo mismo que voy a decir ahora, razón por la cual él me propuso que si quería verme con la psicóloga de nuestra unidad. Me pareció incluso osado, no por su intención, que es buenísima, sino por el hecho de que si se trata de mis problemas personales, a él no le incumben. Pero como él me dijo “a mi lo que me incumbe es que mi tropa trabaje a gusto y en condiciones” aunque no recuerdo si fueron esas las palabras exactas. Así que, visto así, me pareció muy sensata la oferta y dije que sí.

Pues bien, quedé con Bruno y con Llis, mis dos amigos del alma, y no lo digo con segundas, que tenía mogollón de ganas de verlos. Con Llis primero al tener que desplazarme hasta más lejos y por lo tanto invertir más tiempo en el transporte, aunque, majísimo él, se ofreció para traerme a Rivas después. Y con Bruno al día siguiente, nos tocó quedarnos en el bochorno del H2Ocio dado que fuera llovía bastante, y fue en ese momento cuando en una de las habituales llamadas con Angy, fue ella quien me dio la idea de ir a verla esa noche y así por lo menos no hacer tan fuerte la impaciencia por vernos hasta la siguiente vez. Por razones obvias, era la primera vez en mucho tiempo que tenía tan buen sabor de boca.

Todo sea dicho, a la psicóloga no la he visto hasta esta semana así que mientras ha durado la cosa con Angy, creí que no iba a necesitar sus consejos, pero, claro está, el problema no es que teniendo pareja me motive, el problema es que la tenga o no, no necesite apoyarme en una para motivarme.

Vale ahora querréis saber qué cojones ha pasado, ¿no? Pues detalles daré los justos, baste decir que me dio remordimiento de conciencia embarcarme en una relación estable tan a corto plazo, única mala consecuencia de actuar tan rápido después de haber roto mi maldita racha de sequía y se lo dije. Actué como actué por todas las veces que, de haberlo hecho, hubieran acabado en un éxito como este, pero no por despecho adrede sino porque me salió así. No obstante, ha dejado huella en mí, tal es así que mi motivación por aspectos tales como sacarme el carnet de conducir (que luego serviría para muchas cosas, máxime en pareja) aun siguen vigentes.

Por lo demás, tengo unas ganas locas de que sea el mes que viene ya y tener el móvil, la tienda de campaña y empezar a viajar como un loco. Que la Potra os acompañe. Ciao.