jueves, 29 de julio de 2010

Otoño antes de tiempo

Me encantan estos días, aun en julio, con viento racheado como ahora, con cierto olor a húmedo, con visionado en la habitación de pelis entrañables que me recuerdan a épocas del año en las que lo más idílico que se le pasa a uno por la cabeza es disfrutar de todo eso con las zapatillas de andar por casa y la mantita esa que regalan con la revista o con los cereales (y ojalá fuese además en buena compañía, pero eso de momento es mucho pedir). Tengo, como no podía ser de otro modo, la sensación anticipada de que este otoño va a ser entrañable como pocos, y ya no entro en temas de impaciencia ni mierdas, sino como tal, tengo una absurda pero a la vez aplastante intuición de que esas tres horas diarias que voy a pasar ahí de lunes a viernes, lejos de ser soporíferas, van a ser un estímulo diario más. Que cada día voy a estar deseando acabar el trabajo para empezar un nuevo día de clase y que me enseñen una cosa más de esas que tengo ganas de saber para tener algo con lo que sentirme más realizado, además me juego el cuello y no lo pierdo a que va a haber buen ambiente, me atrevo a decir que el mismo buen ambiente que había en la Escuela Taller al principio (quien no sepa de qué hablo que me pregunte en los comentarios). No sé hijos míos, no siempre uno que tenga ganas de escribir aquí tiene que ser para contar su vida en verso jejeje. Nada más, creo que estoy en racha. Que la Potra os acompañe. Ciao.

martes, 27 de julio de 2010

Fantasía

fantasia_mickey

Hace poco, he leído una noticia en la cual, Movistar pretendía que dentro de 5 años, mediante la mejora de sus infraestructuras, que el 50% de los hogares españoles puedan contratar internet provista a través de fibra óptica. Por otra parte me he enterado de que lo que antaño era una manera de proveer de internet a los hogares, ahora no es sino una manera de conducirla por toda tu casa utilizando la instalación eléctrica. Aquí tengo que detenerme a explicar tecnicismos. Estamos hablando de la tecnología PLC. Dicha tecnología funciona exactamente como he dicho, inyectando datos en la instalación eléctrica de la casa y sirviéndose de ella para transportarlos de tal manera que yo podría conectar, por ejemplo, dos ordenadores en red, sin wifi en dos habitaciones distintas sin necesidad de tirar un cable de red hasta cada una con la comodidad que ello supone.

Por otra parte, resulta que ha corrido como la pólvora la noticia de que nos permiten instalar mini neveras en las habitaciones lo cual lleva varias ventajas. Estás más a salvo de los hurtos, no tienes que salir de la habitación para beberte una coca cola fresquita y que, en mi caso, dado que mi compañero no quiere malos rollos, se abstiene de compartir dicha nevera conmigo, pues más espacio para mi solo.

Si a todo eso le añadimos algo que hace tiempo que no hacía, fantasear con un futuro idílico a medio plazo en el que yo viva solo con todas las adquisiciones que ya tengo y las que no van a tardar en terminar de poblar mi habitación, más alguna pijada extra como luz automática en los lugares de paso y con reguladores de luz en las estancias en las que vaya a pasar más tiempo, más bombillas led las cuales me permitirán que con 20 o 30 w de potencia pueda iluminar toda la casa sin problemas (sin contar lámparas auxiliares ni luz decorativa), repercutiendo positivamente en la factura de la luz, un home cinema y un proyector y tantas y tantas ideas tan lejanas que aun no cabe ni pensar en ellas, pues oye, me apetece soñar con mi independencia. Es solo una posibilidad, sí, pero cabe suponer que no habré pagado ni cursado los estudios soñados de mi vida en vano, y si no fuese así, mi poder adquisitivo me lo permitiría.

Antes de que me devolváis a la cruda realidad me anticipo diciendo que si bien no es práctico que divague tanto, sí que es cierto que me apetecía. Estoy más nervioso que el dentista del Conde Drácula y aun faltan dos meses largos para el 14 de octubre. Poco más que decir, pero tenía que decirlo, solo eso. Que la Potra os acompañe. Ciao.

miércoles, 21 de julio de 2010

¿Qué cojones…?

Digamos que he pasado por la hostia de trabajos con mejor o peor fortuna, que he tenido jefes más majos, más bordes, que he cumplido más o menos. Que he tenido mejor o peor suerte, que me han dicho “ya te llamaremos” ni se sabe las veces, pero, exceptuando los trabajos a los que yo he fallado deliberadamente, solo se me ocurren dos ejemplos de trabajos en los que nunca han faltado a su palabra, o dicho de otro modo, siempre han sido transparentes y, dicho sea de paso, a mi no me han fallado jamás. Hay compañeros míos que tienen más sangre que yo, que las han pasado más putas, que han pasado por menos trabajos porque les duraban más, que han cumplido, que se han labrado una buena reputación allí por donde han pasado, que pueden presumir de tener la cabeza mejor amueblada que yo, eso no lo cuestiono. Los dos únicos trabajos a los que me refería son el Ejército y El Corte Inglés.

Puede que no esté aquí por vocación, que mi objetivo es estar aquí para necesitar este trabajo lo menos posible, eso ni los mandos están en contra, entre otras cosas, porque no pueden. Lo único que se pide de mi aquí dentro es que cumpla. Todo el mundo me sugiere que le saque partido a esto, vale. Hasta ahí de puta madre.

Ayer hubo un pequeño malentendido del que no hablaré aquí porque no procede, del cual se hicieron eco los mandos, y claro, pidieron explicaciones. Tirándonos de la lengua nosotros solitos, resulta que salieron a la luz malos rollos de personas que sacan su mal genio para sacar, sic, los colores a sus subordinados. Vale, puedo decir que conmigo no va la cosa, que yo no tengo derecho a quejarme y puede que no esté dolido, pero eso de que en la Academia no se nos trataba así no me lo creo, a mí, mis instructores, o al menos nuestro mando más directo se cabreaba con nosotros de la hostia, porque nuestro pelotón era, salvo excepciones, una panda de incompetentes, no por lo mal que trabajabamos, ojo, si no porque no había Cristo que se pusiese de acuerdo entre nosotros, y siempre estabamos de peleas.

Recuerdo con claridad mis primeras maniobras en Alijares, recuerdo el cague que tenía la primera vez en mi puta vida que se me exigía tanto físicamente, que me entró, como a mucha gente supongo, una crisis de conciencia en plan “¿qué estoy haciendo aquí?” Recuerdo cuando estábamos todo el pelotón con nuestro sargento y nuestro cabo todos sentados hablando, teniendo una charla tranquila acerca de por qué nos habíamos alistado y cuando yo confesé con pelos y señales la razón por la que estaba ahí. Recuerdo perfectamente las caras de asombro y de vergüenza ajena a partes iguales ante tal osadía. Yo recuerdo perfectamente las emociones que sentí aquel día. Sentí que no podía cargar durante tres meses con tamaña osadía sin que se supiese. Recuerdo a mi cabo pasándose por mi iglú antes de acostarme para decirme, literalmente: “Si te sirve de consuelo, Arroyo, la unidad a la que vas es bastante light”. Y, aunque tuviese más crisis de conciencia como sabéis, recordarme a mí mismo esas palabras me servían para seguir adelante, fue mi motivo para aguantar la instrucción, y he tenido mi recompensa, vaya si la he tenido. A veces me cuestiono cuan caprichosa puede llegar a ser la memoria cuando nos quejamos por vicio. Dicen que en la Academia nadie nos ha tratado como trata a determinadas personas un mando de aquí. Discrepo, vosotros mis lectores no lo tenéis por qué saber, pero ¿nadie de mis compañeros se acuerda de cuando nos decían que nos largásemos de ahí, que sobraba gente? ¿de cuando nos echaban la bronca de igual manera por cagadas mucho más gordas que aquí? ¿cuando “amenazaban” con que el último que llegase a las camaretas tenía que limpiar los retretes, y sólo era para que ninguno de nosotros fuésemos andando? ¿o de cuando simplemente nos echaban la bronca por fumar o hablar por teléfono en los baños, cuando no se podía? Podría tirarme 20 minutos mencionando ejemplos. Entonces, si meternos caña en aquel momento, era por un motivo ¿qué cambia ahora? No se supone que sabemos más que entonces y eso conlleva la responsabilidad de poner el listón más alto. No me vale que nuestra unidad sea light, somos militares con todas las consecuencias, y manda huevos que lo diga alguien que no está aquí por vocación. Bueno, pues parece que lo tenga yo mejor asumido que mucha gente, por mucho que sepan currar mejor que yo.

A mi seguro que me han echado de más trabajos que a la extensa mayoría de mis compañeros directos. De otros tantos me he ido yo, en muchas ocasiones por razones caprichosas. Bueno, pues si tan alto ponen el listón y si tan bien cumplían cuando eran mecánicos o trabajaban en la obra, si tanto saben de sentido común y de tragarse los cojones, no me explico como, donde menos derecho tienen, cogen y actúan de la manera más injustificadamente soberbia posible cuando, es no ya de comportamiento militar de reales ordenanzas ni mierdas, sino de sentido común, que sabes a lo que te atienes quejándote de tus superiores tengas o no tengas razón.

Pues aun así, aunque nuestro capitán nos ha dado una charla que, a los demás no sé, pero a mí me ha convencido, aun había quienes querían tener la razón.

Estoy indignado precisamente por eso, porque, gente que supuestamente ponía el listón tan alto, haya caído tan bajo por una gilipollez que era evitable. No está en mi mano, ni quiero ya, tratar de darle una explicación a tal comportamiento, porque supondría ponerme en el pellejo de gente que ha demostrado no merecer mi empatía para según qué cosas, solo sé que yo también soy humano. Y sé que en la vida civil, cuando me han echado broncas y tenían razón, me he tragado los cojones, máxime cuando tenía menos carácter que ahora, razón de menos para quejarse en un sitio en el que si lo haces, has de hacerlo como está estipulado que se debe hacer y tener una razón de peso. Porque si al menos haces las cosas como se debe y no tienes razón, el único riesgo al que te expones es que no te hagan ni puto caso, pero si encima, tu solo te buscas problemas… Mira, siento que, a costa de lo sucedido, me haya dado una inyección de moral, pero yo tengo la conciencia tranquila de que sé que si yo la cago, nadie se va a comer mi mierda y que de todos modos, mi trabajo aquí dentro considero que es lo suficientemente ameno como para no necesitar dar razones a mis jefes (se llamen como se llamen) para que se cabreen conmigo. En fin, hace tiempo que no se daba el caso de que tuviese ganas de hablar de una anécdota concreta aquí en el blog. Yo “sus” dejo que ya me he desahogado. Ahora solo cuento los días que quedan hasta el 14 de octubre para empezar a llevar a cabo la razón por la que estoy aquí. Que la Potra os acompañe. Ciao.

martes, 13 de julio de 2010

Paz

¿Cómo os sentiríais vosotros si, a excepción de minucias intrascendentes, tuvieseis encarrilado vuestro porvenir a plazo inmediato? Ha llegado un punto en que lo único que aun me preocupa son cosas que, por razones obvias, escapan a mi control. Que me preocupe cómo acabaré cuando acabe un curso que dura dos años y que aun ni siquiera ha empezado, pues, oye… Poco importa, y tratándose como se trata, de la jodida ilusión de mi vida, lo único que pueda salir mal es lo que se escape a mi control. Ha llegado un punto en el que, canción que me gusta de un anuncio de la tele, canción que busco en internet, no como hasta ahora, que me ha costado años encontrar canciones que me gustan, la última en tocarme los cojones ha sido la de Pray de Tina Cousins, que fue mi primo quien me dijo como se llamaba, y creo que lo dije en el post anterior.

Lo de la prisa ya lo sabéis del post anterior, y precisamente por eso me siento así.

Hay otro detalle, que ya después de ganado el Mundial la selección española pierde algo de sentido. Creo que no soy el único a quien le ha llamado la atención la mayor exhibición de patriotismo popular de este país que yo haya sido testigo. En un país moralmente devastado por una crisis económica de la que a estas alturas ya no se sabe quien tiene la culpa, van 23 tíos y le levantan el ánimo a toda una nación, la mayoría de los cuales, curiosamente, son catalanes, otro motivo más para la concordia y olvidar las rencillas de estatutos de autonomía y demás… Adivináis por donde van los tiros ¿no? Por supuesto, no le quito mérito a quienes juegan al fútbol, es más, seguí la final por la radio, y no, no vi Zaragoza vacía, mecachis. Pero es que justo ha sucedido todo en un momento tan oportuno que, aunque solo sea por tocar los cojones, cabe cuestionarse la naturaleza de lo que ha sucedido. Sí, todo el mundo lo intuía, lo presentía, lo dijeron un pulpo, un cocodrilo, una foca y el humo de los puros de Sara Montiel, no te jode. Pero para mí esa corazonada era más que una mera alegría, suponía que iba a ganar España, pero (música de “Leyendas de pasión” de fondo por favor) porque era necesario para levantar el ánimo de una nación dolorida, crispada. Ahora seguramente todo el mundo volverá a votar a Zapatero gracias a que se ha disipado la atención de los problemas que hasta hace un mes nos preocupaban. Ojo, que yo antes prefiero que salga ZP a que elijan al “barbas” de la competencia. Si quienes defienden a quien ahora que está en la oposición al pueblo, le come la oreja al pueblo es solo porque es lo que la plebe quiere oír, porque me juego el cuello y no lo pierdo a que, de haber estado él en el poder no lo hubiese hecho mejor ni de milagro. Creo que no hace falta recordar que la oposición de hace tres legislaturas era muda a oídos de quien gobernaba, que ese mismo individuo miró para otro lado mientras el precio de las casas se duplicaba en cuestión de un año. Y creo recordar que después del 14 de marzo de 2004 las noticias dejaron de tufar a manipulación, a dejar de haber programas basura hasta en la Primera. Aunque empezaron a salir periódicos y cadenas de televisión nuevas con ideología más o menos claramente enfocada, antes no había medios de comunicación mediáticos (valga la redundancia) con ese enfoque, o que el presidente que viene gobernando desde entonces hasta ahora ha sido el primero que ha tenido cojones a enfrentarse públicamente a la oposición en un programa en directo y a dar explicaciones, salvo cuando las cosas se tuercen, como ahora.

Es más, la oposición viene hasta bien para que no se desmadren las cosas, porque que yo recuerde, el de hace tres legislaturas, no ofreció su cooperación a la competencia cuando trataba temas que nos interesaban a todos.

Volviendo al tema que me ocupaba al principio del post (no, no fingiré que la charla de antes la he soltado por casualidad, quien tenga algo que objetar, que lo diga en los comentarios y estaré encantado de debatir pacíficamente), y retomando un tema que mencionaba en el post anterior, lo de la ansiedad ¿recordáis? Pues, la otra entrada no profundicé en eso porque tenía sueño y quería dormir, pero, pensad como se han ido desarollando estos últimos 10 años. Hemos pasado de cagarnos en el Final Fantasy VIII por culpa de cierta katana (a algunos medios de comunicación sensacionalistas sólo les interesaba la polémica…) a tener carreras universitarias de creación de videojuegos en España, de ser un jodido freaky por usar internet para ligar, a ser un jodido freaky por no hacerle ni puto caso al tuenti o al facebook, de destrozarme mi padre a hostias la NES que me regaló un vecino, con una llave inglesa de 5 kilos, por no poder darle al pause en la última pantalla del Super Mario Bros, a ver a mi madre DIVERTIRSE jugando a la consola.

En todo este tiempo los videojuegos han pasado a estar considerados, de cara a la legislación en España como industria cultural, lo que ha permitido, entre otras cosas, que se puedan impartir cursos de formación reglada al respecto o que puedan recibir subvenciones, como el cine. Las academias que imparten lo que yo quiero estudiar han pasado de repartir panfletos a la salida del metro de Sol a anunciarse por internet, vallas publicitarias e incluso, alguna me consta que por la tele. Si no me hubiese dejado vender la moto con 16 añitos, si no me hubiese dejado llevar por el entusiasmo, por el ansia viva de aquella academia satánica llamada ESI que no se la recomiendo a nadie, si me hubiese tirado solo un par de añitos yéndome a currar con mi padre (cosa que de aquella detestaba, yo y mis putos caprichos, qué pena que me los consintiesen…) otro gallo cantaría y ahora no estaría yo escribiendo esto, sino empleado a buen seguro en un trabajo que me gustara, y no hablaría de mis ilusiones como pajaritos sino que más bien estaría bajando las persianas del salón con el mando a distancia. Precisamente por eso, porque he desperdiciado 10 años de mi vida, temo que sea demasiado tarde para enmendarlo y que empezar un curso de infografía con 26 años no sea suficiente. Aunque como ejemplo tengo a mi madre, que más adversidades que ha pasado ella, siendo ama de casa y madre de dos hijos, se recorría todos los días Madrid de punta a punta (desde Pelayos de la Presa hasta Alcalá de Henares)

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Todo ello para sacarse la carrera de educación social que ahora desempeña como profesión, pero bueno, ese miedo, que aunque sé que es una paranoia mía, está ahí. De todos modos, sé que por la ilusión de mi vida me voy a dejar los cuernos (que esto no dé lugar a malas interpretaciones). De momento, me voy a dormir, y no, no es tarde, pero aprovecharé la tesitura para descansar que falta me hace. Que la Potra os acompañe. Ciao

miércoles, 7 de julio de 2010

Y después de un año de espera…

Damas y caballeros, me complace presentarles, tras un año de agónica espera, la que es mi primera criatura, mi primera videocreación en condiciones. No he podido subirla a la calidad que a mí me hubiese gustado, por problemas con la limitación del tamaño del archivo y de los formatos compatibles, pero, amén, aquí está para disfrute de todos vosotros. En fin, no digo más, poneos cómodos, darle al play y disfrutar de 17 minutos de gloria. Esto solo acaba de empezar. Que la Potra os acompañe. Ciao.