martes, 24 de agosto de 2010

Origen

“-Si yo te digo que no pienses en elefantes, ¿en qué piensas?

- En elefantes” [Diálogo extraído de la película “Origen”, (Inception, 2010, Christopher Nolan)]

Remontándonos 7 años atrás en el tiempo, conservo bastantes recuerdos entrañables (¿se puede usar “entrañable” como sustantivo o hay una palabra equivalente que sirva?) de la Escuela Taller, pero quería centrarme en uno: La noche que, escribiendo en el diario, al conversar con mi subconsciente, me di cuenta yo solito de lo que era el “principio de inmediatez” y al día siguiente se lo conté a quien me pilló a mano, a una compañera con la que me mandaron a grabar unos planos recurso y una entrevista al director de una academia de interpretación aquí en Madrid con tan buena Potra que nos tuvieron tres cuartos de hora esperando, tiempo que no desperdicié en desahogarme

Aquella empecé a tomar conciencia del tiempo que había desperdiciado hasta entonces, gilipollas de mí de no saber el que aun me quedaba por desperdiciar. ¿Cual era la manera? Ver gente de mi edad que ya sabía lo que quería, universitarias, uno que ya curraba de infógrafo freelance y sin ningún título que le avalase, solo que en algún momento de su vida, cogió el toro por los cuernos y llevó la delantera a la vida. Ole, fue la primera vez que me sentía acomplejado de ir varios pasos por detrás. Y claro, de aquella surgió una minúscula en su envergadura, pero trascendental idea en mí que me ha condicionado hasta ahora y es no tratar de correr para recuperar ese tiempo perdido. Claro que, esa misma idea, ha sido la que me ha llevado a relajarme en exceso. Esa idea de que las prisas no son buenas consejeras, ese confiarme en exceso, incluso ahora… ¿Qué me ha pasado a principios de este año? Que dije que me iba a tomar las cosas con calma, no? Así encontré la peor de las justificaciones para tirarme todas las puñeteras tardes delante de una pantalla a la que tengo conectadas dos videoconsolas y un ordenador. Y ahora, dentro de nada, me enfrento al mayor desafío de mi vida, desafío que supuestamente mi predisposición a llevarlo a cabo, tendría que condicionar que viniese rodado, y no es que lo dude, es que en las tareas cotidianas no estoy a la altura, y a partir de ahora voy a gozar de menos tiempo, aunque, por otra parte, es necesario que tenga esos límites para no bajar la guardia que es precisamente lo que me está pasando.

Me doy vergüenza a mi mismo, y bien sé que decir esto en el blog no me ayuda a solucionarlo, solo a ser consciente, sugestionarme que solo por ser consciente me voy a reformar y quedarme como estaba, como siempre.

Siempre esperando condicionantes… Qué bien me conoce mi madre cuando me lo dijo el otro día. Siempre esperando que la situación sea más grave para ponerme excusas

Respecto a la peli que da título a mi última entrada del blog, brutal, de los pocos argumentos enrevesados, tensos y a la vez bien hilvanados que se pueden ver últimamente en un thriller de ciencia ficción. De los pocos guiones escritos con coherencia y que te obligan a prestar una atención que flipas durante toda la película. Se la recomendé a mi psicóloga por aquello de que ahonda con no poca coherencia en el mundo de los sueños.

Por pelis como esa quiero yo hacer cine joder. O incluso visionando brevemente Terminator 2 para ilustrarle a mi compañero una escena que sale, tal cual, calcada en Demolition Man, vi como se hace una buena peli de acción en 1992, cuya cámara aun se podía seguir con la vista, pero no por ello le restaba tensión a la película. Aun quiero yo ver Toy Story 3 y Los Mercenarios, sobre todo la primera que, algo insólito, aun no he leído ni una sola mala crítica a esa peli.

En fin, chavatars, me voy a dormir, que como de costumbre, me gusta ser un escritor noctámbulo. La noche es lo que tiene, si es con buena música de fondo, mejor. Que la Potra os acompañe. Ciao.