viernes, 26 de noviembre de 2010

¿Por qué eres tan exhibicionista? ¿Por qué te gusta que te pregunten en público tantas cosas?

La has cagao preguntándome eso. Tengo la peligrosa afición de que se interesen por mí. Lo que pasa es que más a menudo de lo que sería menester. El fondo de la causa es larga de explicar, pero te la voy a contar. Mi padre fue desde que yo era ñajo hasta hace pocos años, electricista autónomo, ahora trabaja por cuenta ajena. Bueno, pues nosotros antes vivíamos en San Martín de Valdeiglesias, un pueblo limítrofe con Ávila del suroeste de Madrid. Pueblo que, como tantos, el negocio de la construcción se valía, (antes, ahora ya...) de las casas de fin de semana que se compraba la gente de ciudad. Pues uno de los clientes de mi padre era uno de esos constructores. Los pormenores no me los sé, solo sé que en una urbanización que estaban construyendo en el pueblo de al lado, Pelayos de la Presa (la etapa de mi vida de la que más malos recuerdos conservo y otros tantos que he olvidado) a mi viejo le dejaban un chalet de esos tirado de precio. Bueno, pues como teníamos ganas de vivir cómodamente y nos lo podíamos permitir así lo hicimos, un chalet individual con 500 metros cuadrados de parcela por 15 millones de pesetas. Mi padre como autónomo nunca ha tenido buen ojo para los negocios. Tuvo buenas rachas, si, pero no muy largas. Bueno pues, al mudarnos al pueblo de al lado, claro mis padres no podían saberlo, pero nos habíamos mudado a un pueblo que, teniendo 2000 y pico habitantes censados en el año 2000 (y hablo del año 91) era el pueblo con mayor índice de drogadicción de la Comunidad de Madrid en el que en un colegio con solo 75 alumnos, imagínate el percal. Ellos los cabrones y yo el eterno pardillo, para colmo un puto profe facha berrugón que, como no sabían apenas leer mis compañeros de clase (yo aprendí con 4 añitos) no empezamos los libros de texto hasta casi empezada la primavera y los libros iban de las estaciones del año, con dos cojones. Pues claro, mi nivel en clase, pasó de ser un niño feliz a estar rodeado de críos que disfrutaban haciendo eso que ahora se esfuerzan en eufemizar con la palabra bulling.
Bueno, pues mis padres tomaron represalias y me mandaron a un colegio privado. Otra vez a subir el nivel. Tuve que aprender inglés a toda leche, aprender a multiplicar y dividir porque no sabía y mis compañeros me llevaban la delantera. Tras tres años en ese colegio en los que me acostumbré a esa dinámica (aun años después, hay cosas de mi trabajo que me recuerdan a ese colegio), corría el 96 y va mi padre y presupuesta la obra más cara de su carrera empresarial hasta ese momento y le aceptan el presupuesto. Yo era ajeno a todo aquello, pero no me digas por qué razones, por lo que le contaría mi padre supongo, mi madre intuía que los clientes, una comunidad de propietarios en forma de pequeña urbanización de chalets individuales, no eran trigo limpio. Y así fue, ponían excusas gilipollescas para no pagar (te juro por la Gloria de Chanquete que nos hicieron limpiar la arena de la calle que habíamos levantado al cambiar la acometida eléctrica de la urbanización). Claro está, a mi padre todo eso le generó un agujero de deudas del copón y una de las primeras consecuencias fue sacarme a mi del colegio que valía 70 billetes al mes para volver con los capullos de familias desestructuradas de Pelayos y si a eso le sumas que mi madre, afligida porque mi padre no hizo caso de sus advertencias se desentendió del problema, mi padre pilló a quien tenía a mano para desahogarse, a un servidor, pues aquello hizo que yo sintiese la necesidad en mi cabeza de evadirme de la realidad e imaginarme que yo era un director de cine del carajo pues me supuso lo que mi madre dijo que se llama "principio de inmediatez" que lo quieres todo para ya, y que si no lo consigues te aislas en tí mismo. Solo que mi realidad idílica era la leche, claro. Pues ha venido siendo así hasta no hace tanto. Estuve yendo a la psicóloga de Navalcarnero que a mi no me sirvió de nada, pero a mi madre sí. Con 22 años (cumplo 27 en enero) me di cuenta escribiendo en mi diario (antes de ser blog) de lo que me pasaba y desde entonces, por tonto y por miedo, me ha costado levantar cabeza. Sólo en los dos últimos años he hecho progresos significativos conmigo mismo y solo hace dos meses que estudio algo que tendría que haber empezado a estudiar con 16 cuando acabé el instituto y a mis padres no les hubiera importado pagarlo de no ser porque, por no tener ganas de informarme, me equivoqué de academia, me arrepentí y la cagué hasta el fondo. Tengo la ilusión de dedicarme al cine y, a ser posible, también a los videojuegos. Puede sonar a pajaritos, pero he tenido que dedicarme a lo que menos se parece a mi ilusión para tener cojones a durar en un trabajo con el que poder pagarme esos estudios y, estar rodeado de gente con la que me siento identificado hace que tenga ganas de contar a la gente mi historia para que se sientan identificados por mi causa, por eso me gusta que se interesen por mi, y por eso escribo un blog. Blog en el que me permito el lujo de darle un aire literario a una vida cotidiana que, con un poco más de paciencia, la que no he tenido cojones a tener antes, conseguiré lo que me propongo, ahora que estoy más cerca que nunca de conseguirlo.

Soy un libro abierto, según para quien

jueves, 25 de noviembre de 2010

El momento más idóneo del día

Ya asumía, antes de que comenzase el curso, que compaginar trabajo y estudios sería una tarea titánica que aceptaría de buen grado dado que por fin estudio la profesión de mis sueños, hasta ahí estamos de acuerdo. Lo que me irrita y me produce cierto grado de envidia es lo que ayer decía por Facebook, que soy el único de mi clase cuyo trabajo no se parece en nada a lo que estoy estudiando. Es jueves y si me encuentro a estas horas de la mañana escribiendo en el blog es porque he pedido dos días libres. En un principio iban a ser los cuatro que me restaban por gastar, pero dado que la semana que tengo guardia y a eso le sumamos el saliente, pues no me he cogido esos dos días restantes.

Bueno, pues que me da una envidia de la hostia cuando mis compañeros dicen una que da clases de diseño por la mañana tambien, otra que en horas de trabajo se ha dedicado a hacer deberes para clase. Es culpa mía, joder, es culpa mía haber tardado 10 años en saber lo que quiero, y yo asumí el precio a pagar. ¡Ese precio sí! Antes de empezar tenía tan claro como que de día sale el Sol, que yo no me iba a distraer de la tarea para la que iba a clase, a diferencia de otras veces. Con entusiasmo, pues claro que estaba convencido, y de hecho aun lo estoy, pero pasa otra cosa. ¿Qué pasa cuando después de dos años compartiendo mi vida cotidiana con tíos que, por ejemplo, afirman haber probado las drogas a la misma edad que yo jugaba con los dinosaurios de Jurassic Park (los de mis compañeros del cole, yo me quedé con las ganas de tenerlos) o con gente que en un año se la ha piñado más de tres veces con el coche, me topo estudiando lo que yo quiero con gente normal que no se fija en si llevo la barba desaliñada o mal colocado el cuello de la chaqueta? Pues que me invade la euforia, siento impulsivas e irremediables ganas de desahogarme, de ser el protagonista. Se me levanta sola la mano para hacerle entender al profe de la manera más infantil posible que he entendido la lección que me está explicando, y pese al potencial ridículo que soy consciente de que puedo causar, no me importa.

Claro que la parte negativa es cuando solo me sobran, en teoría, tres horas al día para mi, de 3 a 4 y de 9 a 11, aunque todos los días me acueste más tarde, para reservar tiempo al necesario descanso. Ahí viene cuando la matan, ¿De dónde saco yo tiempo para hacer los deberes? ¿De mi sueño? Por nada del mundo, necesito algo de lo que he adolecido desde que llegué aquí y no he tenido cojones a auto imponerme: disciplina. Esa es la razón por la que he pedido dos días libres, para ponerme al día con las tareas de clase y para organizar mis aposentos que tengo los muebles por dentro que parecen el aborto de un calamar. Pero pesaban más las ganas de escribir, y debería haberlo hecho anoche, pues es cuando tenía los sentimientos en caliente, pero por las noches es cuando más gente está conectada a las redes sociales y clientes de mensajería instantánea, coño.

De todos modos, me alegro sobremanera de estar encabronado, porque este sentimiento me motiva, me motiva a escribir el blog, me motiva a sentir vergüenza antes de que mis compañeros se den cuenta de que me pongo la misma ropa durante más de tres días seguidos y me motiva a decirme a mí mismo que conmigo no puede ni Dios, porque si yo acepté este trance, es para asumirlo con todas sus consecuencias. Sé lo que quiero, podría haberlo hecho mucho más fácil años atrás, pero no cabe lamentarse, y en momentos así, acordarme de que nadie lo tuvo tan difícil como lo tuvo mi madre (encargándose de la casa, de sus hijos, por aquella, uno adolescente con problemas para socializarse y con los estudios y otro que iba a educación infantil aun y recorriendo todos los días 100 km por trayecto en transporte público para ir a la universidad y, además, estudiar) y que si ella pudo, puede cualquiera, yo el primero que no lo tengo tan chungo como ella… Bueno, hay una diferencia, y es que ella no trabajaba por aquel entonces, pero da igual.

Ayer me preguntó mi jefe que si ya había pensado que si quiero seguir aquí después del 11 de enero. Le dije que sí, me preguntó varias veces que si estaba seguro, me insistió que puedo cambiar de opinión hasta el día antes de mi renovación y le dije que no voy a cambiar de opinión, que estoy seguro de lo que quiero (lo estaba antes de escribir la entrada que borré, pero necesitaba que él lo supiera) y en ese caso me advirtió de que no va a haber contemplaciones conmigo como sí las ha habido hasta ahora.

Por último recalcó que ha visto mejoras en mí y la única contestación que se me ocurrió para parecer modesto en décimas de segundo fue “eso parece” porque aunque hago ejercicio, no lo hago precisamente fuera del trabajo cuando no me sobra el tiempo en estas circunstancias.

Que me la pela, que ya me he desahogado, y que, gracias a mi encabronamiento, al menos ya tengo motivación para escribir en el blog que llevaba meses muerto. Espero que ese encabronamiento se canalice en euforia y que esa euforia se canalice en resultados a corto plazo, que eso es para lo que estoy aquí. Además, estando tan ocupado, se me pasará rápido el tiempo seguro. Nada más, me pongo con los deberes. Que la Potra os acompañe. Ciao.

martes, 23 de noviembre de 2010

Asco

Me dispongo a estrenar una aplicación de mi móvil que lleva meses muerta de asco pero la ocasión lo merece. Deberia estar sobando y por sueño no es pero pesan más las ganas de escribir.
Veamos, amplío detalles de lo que aclaré sin ganas y a matacaballo en mi entrada anterior, descalifiqué mi profesión aquí en mi blog, aquí, públicamente y mi jefe tuvo la clemencia de hacer la vista gorda dandome un voto de confianza que, como dijo, el tiempo dirá si me lo merezco. Reconozco que me pasé, que menosprecié la enorme suerte que tengo y eso no lo volveré a hacer descuida, no volveré a "morder la mano que me da de comer" y mucho menos injustificadamente. También estoy aquí porque quiero, estilo de vida incluido, pero ¿hubiese opinado mi jefe lo mismo si, en lugar de dedicarme a desprestigiar mi trabajo únicamente hubiese dicho las muchas ganas que tengo de trabajar de diseñador por ahi? Ah, que tampoco puedo hacer públicas mis vocaciones, no vaya a ser...
Si en ocasiones se me olvida que hay quien me tiene que aguantar a mi es porque, al igual que la paciencia que tienen conmigo no llego a notarla, la que tengo yo con los demás, parece que tampoco la notan. Solo lo comentaré como anécdota, pero que conste, mi compañero de habitación, uno nuevo que acaba de llegar, el otro dia casi se parece a un tertuliano de "Sálvame" insistiendome para que tuneara un coche del Gran Turismo 4 para que alcanzase los 600 km/h tal y como aparece en videos de internet, pero en ningún lugar explicaba como lo hacían y si por el hubiera sido, aun estaría buscando un sitio donde lo explicasen. Todo esto viene a cuento porque hoy me pidio que me bajase un parche para poner en castellano un juego que se bajo de internet el otro dia primero y que le dejase conectarse en mi wifi después. Bien, al tiempo estaba tratando de solucionar una cosa en el ordenador del otro compañero... Pues el muy cabrito, cada 10 segundos de reloj me estaba llamando, hasta el punto de que tuve que meter yo la clave del wifi porque no sabia escribir "3ST0YH4ST4L0SC0J0N3S", lo ponia sin h. Pues en esa mierda despues de no darme respiro me tiré una hora con el tiempo necesario para perder el primer bus y darme el tiempo justo para coger "el de no retorno", osea, el último con el que aun tengo posibilidades de no llegar tarde a clase. Y ahora hace un rato, apago el wifi porque me via sobar y lo via meter dentro (al sacarlo por la ventana me va más rápido internet por razones irrelevantes ahora) aparte de que el pincho, a oscuras, da una luz un poco molesta. Y viene el pive que, consentidamente, me gorronea wifi gratis porque de otro modo tendria que dejarle el pincho todas las tardes porque "no lo uso mientras estoy en clase" y prefiero eso al chantaje emocional, la verdad. Bueno pues viene el gacho a decirme que encienda el wifi porque le he jodido la conversación. Pero bueno ¿soy dueño de lo que tengo o que? Estoy aquí porque quiero, porque acepté muy a mi pesar, la manera mas solvente de pagarme los estudios.
Este tio luego me da consejos constructivos para no cagarla con el trabajo, que no es que sea duro, pero aun asi hay margen para que de vez en cuando la cague. ¿Y este es el precio a pagar? ¿Estos son los favores que he de corresponder a quien se las da de salvarme el culo? Si, vale, la virtud de Dios, que cuando haces las cosas bien no se nota. Pero, al parecer no tengo derecho a quemarme con lo que pasa con lo que pasa con mis compañeros de trabajo en horas libres, ¿eso también es desprestigio ilícito o qué? ¡A cagar a Canarias hombre! Que la Potra os acompañe. Ciao.
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Un día más

A ritmo de Radio 3, y aprovechando de cuando en cuando para cambiar a la tele a ver como va la Formula 1, mientras en la PS3 se descarga el God of War II para probarlo y dejarlo en el disco duro para cuando me lo pueda pillar, tengo trabajo que hacer, todos los trabajos atrasados de marketing, que ya os aclaré ayer lo que vi, que mi ilusión es viable.

Tengo trabajo que hacer, lavadoras de poner, los deberes que os decía, adelantar algo el nuevo montaje de Photoshop que nos han encargado, que ya lo colgaré por aquí cuando lo acabe.

Ah, y aceptad la invitación a leer mi blog, esquiroles, que me consta que habéis consultado el correo estos días y solo tengo 4 invitaciones aceptadas de las 20 que mandé. Sin más, me pongo con los deberes, que tengo para horas aquí. Que la Potra os acompañe. Ciao.

Fiestas típicas

Dando nuestro saludo, nos presentamos a este castizo público gaditano. El otro día, estaba escuchando la que es, después de Radio 3 y por méritos propios, la emisora que más me gusta: M80. Antes, Cadena 100 y Europa FM merecían la pena, hasta que veían que su público no era suficiente, y se han tenido que “casualizar”, ampliarse al gran público, y me parece de puta madre, entonces, va M80 y recoge el testigo, incluyendo en su repertorio una década que hasta el momento había obviado: los 90’s.

Bueno, pues, cada semana piden a los oyentes que hagan un ránking con las 10 canciones que más les gustan de un determinado grupo. Esta semana tocaba Depeche Mode, pues bien, una de las contestaciones era de una niña de 10 años que decía que había asistido a un concierto de dicho grupo musical cuando solo tenia 8 añitos. Joder qué delicia de padres o quien carajo la llevara a ver dicho concierto, y, por extensión, qué delicia de niña, seguro que no da problemas en casa. El caso es que eso me llevó a una reflexión. Me siento, en la medida de lo que mi sugestión me lo permite, identificado con los padres de la niña, personalidad que no se parece mucho que digamos a la de muchos compañeros míos de la vida diaria. ¿Que luego como compañero de trabajo no doy la talla y hay quien me tiene que aguantar? Pues lo siento por haber sido tan narcisista en mi anterior y extinta entrada, que he borrado de internet, ahora os explico y por obviar que hay quien me tiene que aguantar a mí. Pero, jolín, ¿Qué culpa tengo yo de sentirme más a gusto con lo que estoy estudiando que con mi trabajo? Vale, mi delito ha sido hacerlo público cuando mis quejas son excesivas, cuando muerdo, sin que nadie se lo merezca, la mano que me da de comer. Me he pasado, de acuerdo, pero llevo escribiendo mi blog desde antes de trabajar donde trabajo y no pienso dejar de escribirlo. Por esa razón, ahora lo he puesto privado. Puedo invitar a un máximo de 100 personas a que lo lean, pero no me importa, porque me consta que no me seguían tantas. Me jode porque como os conté, tenía importantes planes para con mi blog, darle un lavado de cara, dejarlo de puta madre aprovechando que voy a adquirir los conocimientos necesarios para poder hacer eso y muchas más cosas que me ayudarán a llevar a cabo la ilusión que tengo pendiente, ilusión la cual es culpable de que escriba este blog entre otras cosas.

Por si a alguien de quienes me conocen le quedaba alguna duda, nunca antes en mi vida he tenido tan claro lo que quiero, razón por la que estoy más motivado que nunca. Llevamos un mes de clase, mes en el que, cuanto más le cojo el tranquillo a esta mierda, más me gusta. En la primera parte del curso, estamos dando Photoshop, Illustrator, fundamentos del diseño y márketing así un poco por encima. Os explico, el Photoshop, por si alguien no lo sabe, es la herramienta más usada por los profesionales para retoque fotográfico, Illustrator, es una herramienta de dibujo vectorial usada para diseñar cosas tales como tipografías, logotipos y todo tipo de creaciones plásticas hechas por ordenador que sea menester. Luego, fundamentos del diseño es la asignatura programada para aplicar nuestra profesión con profesionalidad (valga la redundancia) y buen gusto, así como para entender sus entresijos. Y lo del marketing en un curso de infografía, es algo que a nadie se le había ocurrido, que yo sepa. Es cojonudo, porque aunque nos ayuda a saber lo que queremos. Insisto, es solo una asignatura y el marketing se ve muy por encima, de una manera muy light pero suficiente como para orientarnos a nosotros mismos con nuestros objetivos (admitámoslo, todo el que aprende infografía tiene ambiciones de hacer algo por su cuenta)

Si fundamentos del diseño se enfoca a que sepamos aplicar con buen gusto nuestra profesión, la de marketing, a que sepamos vendernos, y mira, da la casualidad de que productoras audiovisuales preparadas hay unas cuantas, pero con ambiciones artísticas, cero. Máxime si le añadimos la jugosa novedad de dedicarse a los videojuegos para plataformas descargables, pero sin justificar en ello su simpleza sino que tengan personalidad propia y que atraigan por ello. Mañana, aparte de ver el último Gran Premio del mundial de fórmula 1, tengo deberes que hacer, que se avecina una semana de puta madre, que el final del año va a ser la hostia. Que la Potra os acompañe. Ciao.