sábado, 13 de febrero de 2016

La danza de la lluvia

Esta tarde organizaban en la Casa de las Asociaciones de Rivas Vaciamadrid un pase de una película, la cual queda tiempo para que se estrene, y de la que ni siquiera he visto rastro alguno de material promocional en internet llamada "La danza de la lluvia". He querido ir primero, porque era gratis, y segundo porque esperaba poder participar en el hipotético coloquio que se iba a hacer después de la proyección.
Entiendo que cuando eres un artista, de la índole que sea, estás deseando terminar de parir tu obra para ver cómo la acogerá el público. Es normal que tengas ganas de ver plasmado el resultado de tu trabajo, el cual lleva meses. Lo primero que me ha llamado la atención y que ha hecho la película pelín soporífera, es el ritmo. Normalmente en cine, cuando aguantas planos fijos es para aburrir a drede. Pues de dos horas y media que dura la película, tres cuartos de hora largos, o esa impresión me ha dado, eran conversaciones en plano general sin cambiar entre plano y contraplano, eso sin contar que no había planos en movimiento más allá de los imprescindibles para no perder de vista a los personajes. Pero es que esos planos generales fijos podían durar uno o dos minutos, así, sin anestesia. Durante la primera hora de película me tentó sobremanera abandonar la sala, pues hubiera sido lo sensato para no seguir aburriéndome, pero consideraba que, ya que la proyección iba a acabar tarde y la gente iba a tener ganas de irse a cenar, no me quería ir de allí sin darle al director mi opinión sobre la obra, así que aguanté como un campeón.
La película es una comedia romántica que trata de un hombre normal que trabaja en una gasolinera que se intenta camelar a una MQMF que justo pasaba por allí para rellenar un bote con gasolina ya que el coche se le había quedado tirado, paralelamente, hay historias de amor que implican a los personajes secundarios, no muy difíciles de entender. No es culpa de los actores, y el director era el protagonista, que el guión no diese más de sí para sacarle jugo a sus personajes. En mi opinión, los que mejor han estado son el compañero del protagonista que también trabaja en la gasolinera, y uno que hace de actor en horas bajas, que es amigo del prota.
En la película se insiste mucho en mencionar las localizaciones en las que transcurre la historia. Por supuesto Rivas Vaciamadrid y Arganda del Rey son pueblos de sobra conocidos y que a cualquier murciano que le preguntes te dirá que la cerámica de Rivas y las navajas de Arganda son las mejores...
Entiendo que la falta de presupuesto limita las posibilidades, pero como han hecho Alejandro Amenábar, Hitchcock, Sam Raimi, o Peter Jackson, por poner ejemplos, trata de sacar partido de esas limitaciones. Si no puedes rodar un coche en movimiento, al menos, saca paneos o travellings para que el espectador sepa hacia dónde viajan los personajes, o si me apuras, haz que los personajes indiquen verbalmente qué van a hacer para que sea todo menos confuso, pero el caso es que ni una cosa ni la otra.
No todo van a ser defectos, la verdad que las historias paralelas del argentino y la mexicana o del alumno enamorado de su profesora de matemáticas le aportan algo de frescura a la trama. Ya cuando la película llevaba una hora y tres cuartos, se sacan de la manga un ex que casualmente paseaba solo por un lugar romántico en el que los protagonistas trataban de pasar un día feliz y alegando la más peregrina de las excusas, el prota decide que ya no se siente a gusto con eso. Cabe decir que los cambios de humor de la MQMF son igual de caprichosos que el guión y su actuación natural que flipas...
Pues cuando por fin, después de perder dos horas y media de mi vida, casi tuve mi recompensa, casi me entiende el director cuando le comento lo de los planos fijos de minuto y medio. ¿Cual es su excusa? La falta de presupuesto. Coño, pues acorta los diálogos, hazlos más rápidos, corta escenas. Es cierto que la peli se rodó en 20 días, pero no me creo que no pudieran grabar las conversaciones con dos cámaras para hacer los planos y contraplanos, porque las hay que sí se han, por lo menos, montado así.
En fin, yo por arte entiendo expresión de emociones mediante métodos mecánicos, electrónicos o manuales con la intención de ser exhibido a un espectador o conjunto de ellos, y está claro que el artista sabe qué emoción quiere expresar, pero sea la que sea, a mi no me ha llegado. Lo que sí me ha llegado es que, salvo honrosas excepciones de algunos actores secundarios, parece que todo se haya hecho sin ganas. Que la Potra os acompañe. Ciao
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